LA NUEVA REGION: ARICA PARINACOTA

    10 mil años para la nueva Región

Por Francisco Rivera Bustos


Durante el séptimo milenio, antes de Cristo, los grupos humanos de la cultura Chinchorro se asentaron para organizar su subsistencia. A partir del conocimiento   agrícola, sin dejar de reconocer las complejidades, nacen los primeros agricultores influenciados por pobladores venidos de los altos andinos (Parinacota) pertenecientes a la cultura del Tiwanaku. No había pasado mucho tiempo en consolidarse la "Cultura Arica", cuando irrumpe el dominio y la influencia del Tawantinsuyo con su cultura incásica. Estos cuatro procesos históricos constituyeron el baluarte y la base del desarrollo de la región, cuya etnicidad sociocultural ha concertado a dos grandes tradiciones; "alto andina" y a la tradición "andino costera", que en conjunto dieron origen a los milenarios pueblos y culturas del desierto del norte de Chile.

La fundación de  Arica fue otro hecho relevante, no solo por la llegada de los “conquistadores”, que trajo consigo los algodonales , olivares, caña de azúcar y viñedos, y el adoctrinamiento de la religión cristiana, sino que también, la presencia de la población angoleña. En los hechos, la llegada del hombre europeo y  continente africano marcó una nueva relación de interculturalidad y de  valores de sobrevivencia.

Culminada la "guerra del salitre", se destaca la llegada de los hombres del sur y un nuevo proceso de "chilenización" causa un profundo quiebre social en las comunidades indígenas y en las familias peruanas y bolivianas asentadas el territorio. A fines del siglo XIX los primeros emigrantes europeos pasan a ser un ejemplo de emprendimiento. Connotados fueron los italianos, españoles, chinos y "yugoslavos" que en un plano laboral logran abrirse paso al desarrollo social y económico.

Dos hechos relevantes marcarían el inicio del desarrollo de la región; la construcción del ferrocarril Arica la Paz, y la lucha liderada por el Dr. Juan Noe, para erradicar definitivamente la malaria. Otros hitos vendrían, en la medida que los emergentes liderazgos confluyeran en un sentido unitario, siendo los más importantes: el puerto libre, la Junta de Adelanto de Arica; como importante impulsor de obras, entre ellas, la Universidad de Chile  y del Norte, hoy Universidad de Tarapacá.

El puerto libre trajo consigo bondad y prosperidad para muchos, también masivas migraciones de las comunidades de los altos andinos, precordillera y de la pampa. También fueron los  miles de hombres y mujeres venidos del sur del país. También  de  jóvenes  de  países vecinos,  que se insertan en los valles agrícolas;  hoy junto a sus descendientes componen un movimiento social y cultural muy importante.

La nueva región de Arica Parinacota es una gran multiculturalidad, donde conviven diferentes cosmovisiones y tendencias culturales que conforman el gran movimiento identitarío de ariqueños y parinacotenses.

 

CUIDEMOS NUESTRAS AGUAS ANCESTRALES

Por  Francisco Rivera Bustos

 

AGRICULTORES   DEL VALLE DE CODPA  INQUIETOS POR  LA FALTA DE AGUA PARA EL  NORMAL  RIEGO  EN   SUS PREDIOS.

 

Como una desgracia para sus  proyectos agrícolas  calificaron  los agricultores de los sectores  de Cerro Blanco y Ofragía   la falta del vital  liquido para el riego de sus predios agrícolas.  .  Del mismo modo,  destacaron que esta situación no solo  se debe a la merma natural del  río, que acontece  durante estos meses,  sino que además,  a la  falta de voluntad de  algunos regantes de los sectores altos del valle,   que no respetan  el   riego que le corresponde a  sus predios.   Por lo mismo,  durante esta semana  se reunieron en el poblado de Codpa con el propósito  de organizar  la mita  y la supervisión de este importante  elemento.  Ante esta situación, los comuneros afectados  exigieron a sus dirigentes mayor control  para  que se  respeten  y se cumplan los plazos, seis días,  para que  el agua  pueda  llegar  sin problemas  hasta sus  bocatomas.

 

De la misma forma, tomaron el acuerdo de elegir  y  mandatar a una Comisión especial,  compuesta por  regantes y accionistas, para que inicien  el proceso de legalización de   la  Junta de Vigilancia (asociación de regantes)  de  la cuenca Codpa Vitor.  El propósito es  unir  en una sola  organización, de cordillera a mar, a todos los usuarios de las aguas permanentes y eventuales.   Es importante considerar que la actual Junta de Vigilancia no tiene  personalidad jurídica; lo que afecta   y  perjudica  a sus asociados, y  qué en los hechos  no logra superar   los problemas    cuando ocurren  emergencias  relacionadas con el manejo hídrico de la cuenca.

 

Por ultimo,   tomaron el acuerdo de  trabajar  en forma unida,  tanto la Junta de Vigilancia como la Comisión de Defensa de la Cuenca Codpa Vitor,  para superar  las actuales condiciones   y lograr un objetivo común: Proteger y cuidar  las aguas  y los derechos ancestrales.  Asimismo,  destacaron que realizaran una asamblea de regantes,  considerando a  las comunidades de agua del valle de Codpa, a los  sectores  alto de la cuenca  y a  los usuarios  de  las aguas eventuales del valle de Chaca y Vitor.   Esta se realizara   el día miércoles 26,  a  partir de las 11.00 horas, en el poblado de Codpa.

 

Cronicas costumbristas

http://pintatani.bloges.org/img/codpadesdeelcielo.jpg POBLADO  POBLADO DE CODPA DESDE  EL CIELO

Cronicas costumbristas

Por las laderas de Chitita

Francisco Rivera Bustos, pintatani2@hotmail.com

"Aquella chica bonita anda buscando marido, al compás del pintatani en el pueblo Chitita. Tus ojos van a matarme con aquella miradita, yo seré tu preferido en el pueblo de Chitita". Es la letra de un antiguo y recordado huayno y que durante la década de los 70 el conjunto folclórico "Norte andino", hizo de este tema musical, un símbolo de identidad y de tradición para todos los poblados de nuestra precordillera.

Chitita, no sólo se ubica al confín de la majestuosa quebrada de Codpa, sino que además, se destaca por la belleza natural de sus parajes, que se inmortalizan con el contraste de los pedregosos cerros y los pequeños huertos que arrojan los mas variados frutos durante cada estación. Comer ciruelas y guayabas en las chacras de Chitita, no sólo es una degustación orgánica, armónica y vital, sino que además, es un tributo majestuoso a la madre naturaleza, considerando que no todos tienen la posibilidad de hacerlo.

Tal vez, no sea el típico lugar que caracteriza a los poblados del norte. Más bien, se trata de una calle larga, flanqueada por pequeñas casas postradas sobres praderas del mágico cerro, adornados con frondosos verdores de tunales. Mucho antes de llegar al final de la calle es posible apreciar la pequeña escuelita, donde los niños saludan al pasar e invitan a conocer como se hace patria en su única salita de clases. Sin duda, el profesor es el más interesado en fortalecer la relación entre niños y visitantes. En Chitita los niños no se esconden, como a veces se caricaturiza a los habitantes de los pueblos rurales, sino que éstos, más bien, salen al paso para orientar al forastero.

Pero como Chitita nunca quiso ser un caserío, sus habitantes, mucho después de la época de la prehispanidad, se preocuparon de construir su templo, tener su propia patrona; la virgen del Carmen y hacer fiesta. Cada 16 de julio "los de Chitita" hacen retumbar su quebrada con el sonar de las bandas de bronce. Los alférez con sus mejores atuendos y las familias se reúnen para dar paso a los altares y procesiones. Mientras que las noches de páhuas y tíncas se plasman sobre la codiciada pista de baile, en la casa madre, las hermanas Linares, Valdés y Godoy, preparan la Kalapurca para restaurar los cuerpos afligidos, de aquellos arrieros que deben partir antes que rompa el alba sobre la hermosa y alegre Chitita.

Dicen, que sí el "Pichi" y el "diputado" Barreda no hubiesen anticipado su partida al cielo, Chitita tendría mucho más días de fiesta y de jolgorios

LAS MUJERES DE CAMARONES

Las mujeres de Camarones

Francisco Rivera Bustos

Bendita seas entre los valles, la precordillera y el mar. Siempre laboriosa, atenta y eterna. Como las estrellas infinitas que no dejan de brillar. Pareciera que nunca te cansas. Pareciera que nunca te enfermas. Al fin y al cabo, tampoco lo puedes hacer. Te he visto arando la tierra, arreando tu rebaño y arrancando tus frutos. Vendiendo tus peces y moluscos, siempre laboriosa, atenta y eterna.

Amasadora de sueños, cocinera de encantos, cuidadora de niños. Dulcera de frutos de mi tierra, cuántos caminos aún tienes que recorrer. Hijas de la paciencia eterna. Hiladora del silencio, carpintera de maderos nobles, costurera y tejedora de paños al viento, cuánto falta para llegar al destino. Hijas de la tierra, madres, abuelas, mujeres de hábiles manos y dignas, tan limpias como el agua de mis vertientes. Tan sana como las hierbas de mi tierra. Altiva como los vientos de la pampa y fuerte como las llaras del desierto.

Desde las heladas punas de Sahuara, Sucuna, Parcohaya y Umirpa, bajan encaramadas sobre envejecidas camionetas que penetran sendas y precipicios, para encontrarse con sus hermanas de Illapata y Esquiña, y continuar por los senderos de Pachica, las imponentes torres de Cochiza y los pastizales de Huancarane. Sólo entonces, cuando el sol cae, pernoctan en las moradas de sus comadres en el pueblo de Camarones. Antes del alba, las laderas y alfalfales son testigos de su pasar. Esa misma mañana, en la otra quebrada, las carpinteras de Chitita y de Palca se enrumban valle abajo para recoger a las dulceras de Guañacagua y Guatanabe. Mientras que en Codpa esperan las queseras de Cobija, las de Timar, Ofragía y Cerro Blanco. La "micro" zarandea por el viejo camino que al vuelo del viento cruza por la pampa seca y asfaltada. Una larga cuesta y un viejo puente, que encauza las aguas de febrero, les da la bienvenida hasta su destino final: Cuya, capital de la comuna.

Si tuviéramos que describir a las mujeres de la comuna de Camarones, faltarían palabras y espacio. No sólo es un caudal de quehaceres, también es una gran diversidad que se distribuye a lo largo y ancho del territorio. Se suma, la dimensión y planificación de sus acciones sociales. Una red activa de mujeres que se extiende de la cordillera al mar; que son capaces de unirse y convocarse. A pesar que su comuna es rural, se las arreglan para llegar y estar a la hora. Todas traen sus encantos; frutos, quesos, vinos y regalos. Desde entonces, Camarones no duerme.

 

francisco rivera bustos

LA ESTRELLA DE ARICA, buscando  encontre este artículo en el diario. es del 2001

Año XXVI - Nro. 9.113 - Sábado 10 de marzo de 2001

Procuran rescate musical de Codpa

El etnomusicólogo Patricio Hermosilla y el relator de historia y codpeño Francisco Rivera, están interesados en rescatar la música típica de Codpa, a través de un proyecto que permitirá posteriormente mostrar la geografía musical tan propia del pueblo.

Según el etnomusicólogo, "la idea es poder rescatar la vida tradicional del poblado a través de la música. Codpa y sus alrededores poseen características muy propias que la diferencian de otros lugares del norte de Chile, como el culto exacerbado del vino Pintatani, la admiración por el sol y, por supuesto, sus tradiciones".

Hermosilla trabajó en Socoroma en estudios de similares características y además es académico de las universidades Bolivariana y de Humanismo Cristiano, donde realiza una destacada labor. Pero es Codpa lo que lo mantiene en este momento más entusiasmado. Lo que se pretende ahora es realizar un relevamiento musicólogico del pueblo que pueda plasmarse en un documento.

Para tener un primer acercamiento con la población codpeña, Hermosilla y Rivera viajaron hasta el pueblo durante la celebración de los carnavales, donde pudieron conocer a fondo la mística social y musical de los habitantes de esta zona, además de determinar de qué forma comenzarán el trabajo.


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Una Ofrenda para Génesis

 por Francisco Rivera Bustos

 

En la población Tucapel 10, los vecinos del pasaje Alfredo Wormald, motivados por los llamados que hacía Don Francisco para ayudar a los niños de la Teletón, acudían a comprar el picante que la madre, la abuela y algunas vecinas preparaban para ir en ayuda de Génesis Alexandra, una niña de sólo cinco años que se encuentra postrada en una silla de ruedas, producto de una meningitis que afectó su cerebro el mismo día que nació, en mayo de 2001. Por ahora, no importa saber qué pasó con Génesis durante su nacimiento, quién o quiénes fueron los responsables de su actual estado. Lo importante es ¿por qué esta niña no tiene la necesaria atención social y médica para enfrentar su enfermedad?

La discapacidad de Génesis no sólo se concentra en la imposibilidad de caminar, hablar, controlar su esfínter y valerse por sí sola. Además, debe enfrentar cada 30 días un fenómeno que para muchos es inaceptable: la pubertad precoz en una niña de sólo cinco años. Este hecho, que mantiene angustiada a su madre y que ha sido confirmado por la medicina moderna, tiene solución y control. Pero ni la madre y la familia están en condiciones de adquirir una droga inyectable llamada Decapeptyl, que cuesta mucho más de lo que su madre gana en los programas de generación de empleo. Durante dos años debe ser tratada, y cada tres meses la droga le debe ser inyectada. Son 8 inyecciones, cuyo valor es sobre los 290 mil pesos cada una. ¿La venta de picantes permitirá cumplir con la meta que Génesis necesita?

La niña no tiene espacios, vive tan hacinada como su madre, la abuela y sus otros hijos, todos en la casa de una bondadosa tía. El día que la conocí, en su carita encontré ternura que complacía a sus vecinos a compartir una noble y gran tarea. Sin duda, que para su enfermedad no existe una política de salud de Estado. No me pregunten si es responsabilidad del Estado o de la sociedad, pero la atención para cientos de niños como ella es nula.

Después de visitarla, despedirme y establecer el compromiso de ayudarla como lo hacen sus vecinos, subí a un taxi colectivo para retornar a mi hogar. Al leer las noticias del diario que hablan de: "Contraloría investiga anomalías en salud", bajo la ventanilla del auto y pienso en los dichos de mi padre: "No importa, mañana vendrán días mejores".

Cronicas costumbristas

Un taquirari de amor

Por Francisco Rivera Bustos

El taquirari es el ritmo musical y uno de los bailes más representativos que existen en los poblados precordilleranos. No se conoce con certeza su origen, pero existen testimonios de su presencia, a finales del siglo XIX, cuando fue traído a las localidades precordilleranas por las bandas de bronces venidas desde Bolivia. Sin duda, la aparición del taquirari se relaciona con el desarrollo de la cultura criolla del oriente de Bolivia. Su nombre proviene de la palabra moxeña "takiríkire" que significa flecha, cuyos orígenes son atribuidos a grupos indígenas amazónicos que interpretaban sus rituales y su espiritualidad. La mayor expresión del baile son los saltos marcados por un ritmo movido y las variaciones improvisadas ejecutada por los músicos.

Recuerdo durante mí infancia y parte de mi juventud las fiestas patronales que se realizaban en la elegante plaza del poblado de Codpa. Tanto los hombres como las mujeres hacían del taquirari la más bella expresión amorosa, no sólo por el encandilado sentimiento que producían los bronces, sino que además, por la reciprocidad que permitía el baile para expresar los sentimientos y las propuestas de sirviñacos (casamientos). De la misma forma, pero ahondados en el despecho y en pintatani, particularmente los varones, hacían del taquirari su mejor aliado para expresar su dolor y sufrimiento por el hecho de haber perdido un gran amor.

"Ahora que te vas, que te vas y no vuelves más, el tiempo te hará ver, el gran error que cometiste ayer", es el estribillo de la canción "Adelita", popularizada por el grupo chileno "Arakpacha", y que en su clásico estilo musical andino logró incorporarla a importantes grupos y comunidades que no tenían ninguna relación con el mundo de la cultura andina y latinoamericana. Es decir, el taquirari no sólo sobrepasa fronteras, sino que además, como una flecha, es capaz de atravesar los corazones de todos los gentiles que de una u otra forma viven siempre acompañados de la música.

En nuestra ciudad, una muchacha de sólo 15 años, Anita Castro Zegarra, ganadora de diversos festivales de la canción andina, y con quien tengo el compromiso de promover su participación al Festival de Viña para el año 2008, género folclórico, en su repertorio interpreta variados y hermosos taquiraris que hacen degustar a los más románticos y melancólicos gentiles del mundo andino. Anita, aparte de tener una hermosa voz, es sin duda la mejor intérprete y solista que tiene hoy la nueva región.

Entendiendo que el taquirari llegó a estos lares para quedarse, también, es capaz de hacer sentir su llanto y dolor, y matar a cualquier mortal de amor.

CRONICAS COSTUMBRISTAS

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Autor del Blog,  Francisco Rivera Bustos, 47 años, tres hijas.

Cuidado con Edalia

Cuidado con Edalia

Para la dulce y hermosa edalia lazaro

Francisco Rivera Bustos

Era medio día y el sol quemaba como nunca sobre los cerros áridos y los frondosos huertos que le dan vida al poblado de Codpa. Las autoridades se disponían a visitar los módulos con artesanías y productos típicos del valle, mientras que los asistentes a la fiesta iniciaban una gran rueda al ritmo de un alegre huayno. Desde mi espacio, como simple observador divise a una mujer de frágil figura y de hermosa cabellera negra, sentada frente a un pequeño telar artesanal. Motivado por el sonar de los bronces, me propuse conseguir su permiso para bailar con ella. En un dos por tres, me ofreció sus pequeñas manos para dar inicio al huayno más largo de mi vida.

Nos dejamos llevar por la pasión de nuestros pasos en trotes, encandilados por el juego nupcial de los trombones. Paseamos nuestros cuerpos por todos los rincones públicos de la plaza y dábamos vueltas como avecillas inquietas, haciendo perfectas coreografías sin perder jamás el ritmo fulguroso que brotaban de los labios de aquellos hombres que componían la banda de bronce. Ella giraba como remolino incansable que nacía de sus pequeños pies envueltos en dos diminutas ojotas de caucho. Su hermosa sonrisa y su pollera al viento me hacían sentir como un huayna (joven) inagotable, experto en el arte de la danza, hasta que sentí el peso de mis 47 años.

En mi decisión de abandonar el juego lúdico de la danza y tener una retirada digna; le pregunte entre el bullicio de la gente, si se encontraba "cansadita". Ella, con un amable y rotundo no, prensó sus manos contra las mías y nos deslizamos por los rádieles de la histórica plaza del pueblo. Frente a mí extrema angustia y al temor de caer desfallecido ante la mirada de los mirones, decidí llevarla hasta la rueda, para luego dirigirme, a medio respirar, hasta la vilca de la Plaza. De allí divisé como aquella mujer continuaba alegremente con el infinito y frenético huayno.

A la incansable Edalia está siempre en eventos que difunden la cultura del pueblo aymara. En su puesto de ventas esta siempre acompañada de su pequeño telar. Trabaja duro y reparte su tiempo entre su comercio ambulante y sus trabajosas y apreciadas prendas de lanas. También parte continuamente hasta su terruño puneño para darles esquirla a sus leales alpacas que le brindan el digno sustento. Ella es ejemplo del diario vivir, siempre está alegre, cantando, saludando y enseñando su idioma, del que siente un verdadero orgullo materno.

Si usted tiene ganas de bailar un fugaz huayno, tenga mucho cuidado cuando invite a bailar a la hermosa y dulce Edalia.

Nuestros Pueblos Indigenas

Reconocimiento de pueblos indígenas

Por Francisco Rivera Bustos

La última vez que la Cámara de Diputados rechazó el Proyecto de "Reconocimiento Constitucional de los Pueblos Indígenas", muchos líderes y dirigentes indígenas sufrieron un duro revés, otros no tanto, y algunos, no pocos, celebraron la decisión tomada por el Poder Legislativo. Sin embargo, es preciso destacar que esta "iniciativa", fue presentada en calidad de urgencia durante el gobierno de Ricardo Lagos, en medio de una fuerte pugna producto de las elecciones presidenciales y parlamentarias del 2005.

Como muchos sabemos, no todos los sectores políticos con asiento en el congreso están por apoyar esta iniciativa. Por lo mismo, se hace necesario trabajar por un clima favorable, consecuente, legítimo y con la altura que merece el debate. En este marco, debe ser más alto el interés de nuestros líderes y dirigentes para establecer un acuerdo común sobre sus principales contenidos. Así como también, velar para que éstos sean incluidos en un marco de verdadera voluntad política, evitando que sus legisladores no sólo esperen la orden de su colectividad política para aprobar o rechazar el proyecto.

Entendemos la preocupación del Ejecutivo en esta materia, pero lo que no puede volver a ocurrir, es que los temas indígenas se presten para favorecer sólo los intereses del oficialismo o de la oposición con el propósito de aprobar o desaprobar una gestión gubernativa o legislativa.

El reconocimiento constitucional de nuestros pueblos indígenas debe tener una comprensión mucho más amplia en los sectores de la sociedad. Así mismo, debe contar con el profundo interés del Estado de Chile, para que realmente se puedan asumir nuevas formas de relación con las comunidades y los dirigentes de los pueblos indígenas. Sin duda, esta nueva mirada, es un desafió para alcanzar el desarrollo y el futuro que nuestros pueblos se han propuesto, en la medida que el Estado y la sociedad reconozcan en forma consecuente sus legítimos derechos.

Para alcanzar un acuerdo común, el gobierno de la Presidenta Bachelet ha puesto nuevamente el tema en debate. Sin duda, es la gran oportunidad para socializar en cada lugar, espacio y rincón del país, el porqué y la necesidad del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Para ello, es fundamental la atención de la sociedad civil y de toda una étnicidad que se expresa y que requiere espacios de participación y de políticas publicas de acuerdo a los intereses de todos aquellos que convivimos en esta larga y angosta faja de tierra.

El fabriquero de Codpa

El "Fabriquero" de Codpa

Un homenaje para  mi amigo Eduardo Rios G (QEPD)

Por Francisco Rivera Bustos

No sé porque le dicen el "Fabriquero", pues, no se trata de un fabricante de cosas. Más bien se trata del Mayordomo de la Iglesia del poblado de Codpa, un hombre extraordinariamente sencillo y muy devoto, a su manera, de todos los santos y patronos que existen a lo largo del valle.

Su madre, que en paz descansa, se preocupó de darle el noble oficio de pantalonero, al que le dedicó un tiempo importante de su vida. Este hombre moreno, orejas grandes, pera acentuada y ojos achinados, se destaca por tener un diente de oro y lucir chalecos típicos de los pueblos del norte. También usa sombreros de paño almidonado y gruesos bototos que le permiten caminar seguro por las polvorientas calles de su poblado.

Muy pocos saben como se hizo "Fabriquero". Dicen que se inicio como ayudante de su madrina, doña Aurelia García, una veterana que por más de cuarenta años fue la encargada de la Iglesia del pueblo.

A pesar de la irreverente personalidad del "Fabriquero", doña Aurelia siempre se las arregló para enseñarle a punta de escobazos este noble oficio. Estando ya muy octogenaria doña Aurelia, confió todas sus actividades a su discípulo. Fallecida ella, juró ante su tumba continuar hasta su muerte con este oficio.

El poblado de Codpa se destaca por la fiesta del patrono San Martín de Tour. Durante tres días acuden todas las familias del valle y algunos novedantes de la ciudad de Arica. Aquí, es donde, el "Fabriquero" da muestra de sus dotes artísticos, haciendo relucir el templo como en los mejores tiempos de su historia. Cada sirio y vela en su lugar; flores y guirnaldas distribuidas armónicamente en cada rincón; muros limpios; altar mayor perfectamente iluminado y cada santito con su vestimenta, cuidadosamente alhajadas y guardadas como huesito de santo.

Más allá de las actividades religiosas en el poblado el "Fabriquero" es todo un personaje. Su amistad y relación con los comuneros no sólo es para compartir las copuchas de quienes viven, trabajan y duermen en el poblado, sino que además, para hacer más grata la vida, donde los embrollos domésticos no rompen corazones, tampoco generan odiosidades.

El "Fabriquero", a pesar de la ingrata enfermedad que lo aqueja, es el personaje más conocido y recordado del valle de Codpa.

Don Hilario

Don Hilario

Por Francisco Rivera Bustos

Tal como lo hacían sus paisanos venidos de Carangas, a "patita", don Hilario a los siete años de edad, no sólo se adentro por el valle de Lluta para trabajar tierras ajenas, si no que además, y así lo indican los hechos, venía ansioso por conocer a aquella palomita blanca, también venida de Carangas, que una vez se posó sobre la peña sagrada, quedando petrificada para siempre ante la mirada de los novedantes que suben y bajan por las áridas laderas de Humagata.

Zampoñero por excelencia y jefe de tropa de Lakitas, don Hilario con su bandita hacían relucir dulces y melancólicos taquiraris, ahí mismo donde el Cristo espera a sus peregrinos que vienen por las estrechas callejuelas del santuario de las Peñas. Mucho antes que rompiera el alba y cuando los elegantes negros de Azapa hacían su retirada, don Hilario y su cofradía, llegaban al templo sagrado acompasados por un marcial y estruendoso sonar de bombos y zampoñas, haciendo retumbar las viejas calaminas del templo que se confundían con el eco natural de los macizos cerros de la quieta y perfecta Quebrada de Livílcar.

Mi padre, primer guía y primera voz, después del canto y al ritmo de una morenada, con un toque de matraca daba paso para que su viejo Caporal, el abuelo Caiconte, irrumpiera con sus pasos encadenados por el centro sacro de la nave. Mientras que el segundo toque, era para que don Hilario y sus zampoñeros se alzaran en vuelo, sin dejar de soplar las prodigiosas cañas.

"Hay que hacer fiesta ahijao, o sino Virgen castiga", le decía a mi padre, quien por muchos años, cada 8 de diciembre, lo acompañó en su noble empresa. A pesar de haber sido un personaje corajudo y aventurero, don Hilario, siempre fue una persona de fe y un incondicional devoto que nunca dejo de asistir a la fiesta chica. Este hombre, que desde la Segunda Compañía de Bomberos de Arica combatía incendios, recorría a diario las angostas calles de Arica para ofrecer sus apetecidos choclos lluteños, cosechados en sus prodigiosos campos que se los adjudico a puro ñeque y trabajo.

Este hombre sencillo y emprendedor, junto a Isabel, una especial y bella afroazapeña, que fielmente lo acompaño hasta el ultimo día de su vida, dejaron la más rica herencia. Al compás de huaynos y morenadas todavía hacen brotar hermosos cánticos que se escuchan de aquel mítico portón que se divisa desde la vieja pérgola en la plaza "Arauco".

Dicen que cuando la aurora de la mañana es más clara y brillante, desde las laderas de Ausípar se escuchan las prodigiosas zampoñas de los lakitas de don Hilario; un jañacho de verdad, que también vive en la gloria finita de la cosmovisión andina.

El Negro Rufo

El Negro Rufo

Francisco Rivera Bustos

Con su lustrín a cuesta y el silabario escondido, el pequeño Rufino muy temprano partía a recorrer las calles para dar lustre a los puntiagudos zapatos de los elegantes ariqueños que se disponían a recibir mejores días. Su madre y su hermana Rosa, a pesar de la pobreza, hacían benditos esfuerzos para que el chiquillo dejara de lado el lustrín y se dedicara a su verdadero quehacer; ir a la escuela.

Nacido y criado en la chimba(del quechua Chimpa, del otro lado) el joven Rufo se ganaba la vida en las hijuelas ubicadas en las riberas de la desembocadura del río San José, sin dejar de lado jamás, las estrechas relaciones que había consolidado durante las noches bohemias cuando recorría la calle Maipú para dar lustre a los mismos zapatos puntiagudos.

La noche marcó sus días, entre amores y doncellas, el negro Rufo se hizo carne para cuidar siempre a las más bellas. Con su rostro acanelado, cigarros importados, trajes a la medida, zapatos negros y puntiagudos Rufino encandilaba a las sureñas recién llegadas. Los años forjaron su cuerpo, se fueron las noches de luces y estrellas, las que fueron cambiadas por toques de queda. A pesar de amaneceres tristes y brumosos, el negro Rufo era el personaje más popular de la ciudad.

Las fiestas de la primavera y semanas ariqueñas eran los hitos más alegres, donde el negro no podía estar ausente. Encaramado siempre sobre carros alegóricos, de bufo o de rey feo, pasaba saludando y motivando a sus 40 mil habitantes. Cuántas fiestas patrias pasaron, cuánta carne y anticuchos. Cuántas veces tuvo que armar y desarmar su envejecida ramada que cobijó a cuánto chimbero, machero y chinchorrero. Cuántas veces lo vimos con su bandita apoyando el fútbol y al deporte ariqueño. "Allá vienen los morenos del cachimbo", decía la tía María. "Tan elegante como siempre," comentaba la tía Mercedes. Al compás de una marcha, aferrado a su varita de caporal y acompañado por su selecta cofradía, que hacían relucir sus matracas por las callejuelas del santuario de Las Peñas, el negro Rufo y su compañía se enfilaban rumbo al templo sagrado en busca de María.

Su hermana Rosa, 3 años mayor, cada vez que podía lo reprendía por las dos cajetillas de tabaco que consumía. El sol y la sombra acunó su amor por la Chimba de Arica y la dignidad de ser los afroariqueños y descendientes de la belleza negroide de la hermosa Arica. A pesar que el "curquito Espinoza" -un oficial civil de la época- nunca les concedió el mismo apellido, Rosa y Rufo crecieron juntos y unidos por siempre.

Rufino Lanchipa, el negro Rufo, vive en el corazón del pueblo ariqueño.

Nuestros Achachilas

Nuestros achachilas

Por Francisco Rivera Bustos

Dicen que habitan en las montañas y en los cerros sagrados. Que bajan por las quebradas para luego sentarse sobre grandes piedras a observar y proteger al hombre bueno que trabaja la tierra y cuida de ella. Dicen que son espíritus y que sólo son superados por la Pachamama. Que protegen las comunidades, comparten sufrimientos, bendiciones, fiestas y tradiciones. Son los ancestros que siguen habitando cerca de su terruño para cuidar a los suyos. Se les personifica como ancianos, con vestimentas típicas, barbas blancas, sombreros, chullos y bastones. Dicen que intervienen en nuestros sueños y que predicen nuestro quehacer. En agradecimiento y respeto, la mujer y el hombre aymara ofrecen oraciones hacia las grandes montañas y cerros puneños.

Así como nuestros achachilas sobrenaturales, se hallan nuestros achachilas naturales y terrenales. Adultos mayores que observan, enseñan y protegen nuestras acciones. Siempre en alerta, trabajan, danzan y cantan. Cuentan historias y cuidan de nuestros hijos. Todos ellos, sin duda, durante sus largos años han acumulado una rica herencia, que se traduce en sabiduría y experiencia.

Algunos nombres que mantiene la memoria, sin dejar de reconocer a todos, como la gran Rosa Guisa, noble artesana, cuya fuerza negroide se manifiesta a diario. O don Felipe Mamani Osnayo, oriundo de Chislluma, quien a sus 71 años dirige su Junta de Vecinos y trabaja como operador de caldera. También está doña Agustina Delgado León. Desde las punas de Saxamar, aún trabaja la tierra, recoge leña y camina firme por los senderos de la bella Parinacota. Como el yatire Fortunato Manzano, que desde su espacio terrenal se conecta con la cosmovisión para entregar los buenos augurios que orientan nuestras vidas. Tal vez como don Oreste Ventura, un ex carabinero que recorrió Chile para cuidar niños y que en su jubileo canta y danza las hermosas canciones de su pueblo. Tampoco puedo dejar de mencionar a doña Eloisa Mazuelo Quiguallo, que a sus 87 años y con una increíble lucidez, cuenta entretenidas y variadas historias de su Putre sin olvido. Asimismo, están mis viejos, doña Micha y don Pedro, quienes han sido la fuente de inspiración para continuar por los caminos de mi identidad.

Desde la bondadosa razón de nuestros ancianos, con sus momentos de inflexión y sus jubilosos tiempos de alegría, llegó la hora de reconocer y agradecer a nuestros leales y amados achachilas.

Valle de Codpa y su poblado

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Francisco Rivera Bustos

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Machaq Mara

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21 de junio, Año Nuevo Aymara

Francisco Rivera Bustos

El desarrollo cultural, proporcionado por la Cosmovisión, permitieron a los pueblos indígenas del mundo andino, desarrollar un calendario anual que los llevó conseguir con mucho éxito una importante prosperidad agrícola y ganadera. Como ejercicio, el pueblo aymara tenía un calendario que acuñaba tres estaciones del año agrícola: Época de las heladas y el procesamiento de lo tubérculos; la época seca y de siembra; y una tercera de lluvias y de maduración de los cultivos. En su actividad práctica, que viene desde tiempo inmemoriales, siempre se destacó que a partir del 21 junio, considerada como la noche más larga del año, se iniciaba el cambio de ciclo o año nuevo, que en su lengua materna quiere decir: Machaq Mara.

Cada 21 de junio, cuando se rompe el alba y los primeros rayos del sol comienzan tímidamente a escaldar la tierra, se da comienzo a la celebración del Machaq Mara, primando los ritos ceremoniales de bienvenida al Tata inti (padre sol), especialmente por reiniciar su retorno hacia nuestro hemisferio. Así mismo, se ofrendan pahuas y wilanchas a la pachamama, particularmente por la finalización de un año agrícola abundante. En agradecimiento a las tres estaciones: Juypipacha, Awtipacha y jallupacha, se realizan rogativas para que el nuevo ciclo sea tan próspero y abundante como el anterior, mientras todos los hombres y mujeres se comprometen a cuidar la tierra y a mantener los equilibrios necesarios con la finalidad de abrigar esperanza para decir que vendrán días mejores.

El rescate de esta tradición, de carácter agronómica, sociocultural y filosófica, durante los últimos años ha adquirido una notable importancia, haciendo que esta celebración sea una señal de conciencia y de desarrollo indígena. Por lo mismo, es importante destacar el rol que han venido realizando algunas instituciones públicas como la Conadi y los municipios de Arica, Putre, General Lagos y de Camarones, que junto a las comunidades indígenas locales, han tenido la especial responsabilidad de organizar y promover esta actividad. Lo significativo es, que las nuevas generaciones comienzan a liderar este acontecimiento, particularmente los niños y jóvenes de las escuelas rurales y urbanas que participan todos los años en la vigilia del Machaq Mara.

Este encuentro de reflexión y de agradecimiento, como lo hacían nuestros ancestros, termina cuando el sol ha derramado su calor infinito sobre la tierra, lo que invita a degustar un buen plato de kalapurca, mientras que los más osados hacen de un fugaz huayno la más hermosa danza, sobre los pedregosos y enfilados cerros sagrados.

Grupo de los 30

Usted está en : Portada : OpiniónMiércoles 26 de abril de 2006

 

Grupo de los 30

Por Francisco Rivera Bustos          La estrella de Arica

A pesar que al inicio fuimos un poco más de 50 los dirigentes y líderes indígenas que nos inscribimos en el diplomado, lamentablemente algunos hermanos debieron abandonar las aulas de la universidad por motivos de tiempo y trabajo. Y a pocas semanas de culminar éste, todavía nos mantenemos 30 de sus alumnos.

Sin embargo, la solidez del Grupo de los 30, ha venido demostrando la extraordinaria importancia que esté tendrá para el futuro de las comunidades indígenas de Arica y Parinacota. Tal vez, a principios el clima "catedrático" fue un poco hostil, no sólo por las elecciones del 2005 que nos tocó enfrentar, sino que además, por las profundas diferencias que desde mucho tiempo se vienen expresando al interior del movimiento indígena local. Asimismo, la razón y la consecuencia de trabajar por la articulación del Pueblo Aymara nos ha permitido generar un campo de reflexión y una consolidación unitaria del grupo más allá de las complejidades, las contradicciones y de las diferencias que tenemos como dirigentes.

El Programa Orígenes del Mideplan, nos brindó la oportunidad de establecer con dos importantes instituciones de investigación y educación una nueva propuesta de participación para el mundo indígena. Sin duda, es primera vez que se realiza un diplomado de extraordinaria calidad para los dirigentes y líderes de las comunidades indígenas, donde el 60% de los inscritos cumple con el principal requisito que exige el diplomado: asistir. Esto demuestra que los indígenas somos capaces de responder a las oportunidades que a veces nos brindan las instituciones públicas del Estado.

"Diplomado en Planificación y Gestión de Desarrollo Local Indígena en la Primera Región", nombre bastante largo, pero en la medida que asimilamos la materia, ideas, propuestas y contenidos, nos ha permitido confirmar que nuestros ancestros: los amautas u hombres sabios, siempre planificaron en base a un diagnóstico o la experiencia dada en sus territorios. Así como las acciones de reciprocidad en los ayllus y aynis, y que permitieron el sustento de todos los miembros de la comunidad, sin que la necesidad se convirtiera en caldo de cultivo para la pobreza.

Convencidos de que es posible -porque el aleteo de una avispa también puede producir ciclones- que nuestras comunidades, tanto rurales como urbanas, también pueden hacer de una pequeña causa un gran efecto. Es por ello, que nuestro horizonte, a pocas semanas de culminar este diplomado, es mucho más amplio. Hoy entendemos el poder no como un fin para algunos, sino como la esperanza que permitirá mejorar la calidad de vida de miles de marginados, entre ellos, a cientos hombres y mujeres de nuestro pueblo.

 
 

EL BURRO DE DOÑA ROSA

- Levántense  carajo, salio el sol y ustedes todavía acostados.

Fue el  primer comentario que hizo la Abuela,  con la huasca en la mano, cuando los primeros  rayos  del sol  se asomaban por los cerros  áridos  que dan  forma a  la gran quebrada del valle de Codpa.    

- Tomen desayuno,  para que después bajen a la chacra a buscar un poco de membrillos para   sus hermanos.

 

Sin duda, la abuela  tenía la mesa servida;  pan amasado, huevos revueltos,  mantequilla y queso de Cobija. Una enorme tetera  negra  hervía  sobre  los leños  que  humeaban   frágilmente  en la vieja cocina.  

 

-Cuando terminen  vayan donde la comadre Rosa y pídanle prestado el Burro, y díganle al Juanucho  que los acompañe,   ¡él sabrá  como cargar  al  Burro!

 

La Abuela, salio  en busca de  un par de  sacos harineros,  sin decir antes:

-No quiero membrillos  machucados!

Fue el  último comentario que les escuchamos,    antes de partir hasta la morada de doña Rosa que estaba  a la entrada  del pueblo.

 

Doña Rosa,  era una mujer muy trabajadora  y tenia   una larga la amistad con la  abuela. En  mas de una oportunidad se habían hecho comadres y siempre se ayudaban en las labores domesticas y agrícolas.  Era la dueña del único Burro que quedaba en el Pueblo, sin duda,  era  lo mas preciado que tenia, ya que  gracias al  animal  podía  trasladar  la fruta desde  su chacra y  los leños secos que sacaba desde  las chipachas  cercanas  al  río. 

 

-Doña Rosa, doña Rosa.

Gritamos desde la ventana que siempre permanecia abierta y  desde muy temprano.  

-Dice la abuela que le preste el Burro.

La  mujer  no vacilo en preguntar para que, ya que el dia anterior la abuela le había  conversado sobre  las intenciones  de enviar un par de sacos con  membrillos  para  la ciudad. La única preocupación de  doña Rosa  era saber si  éramos capaces  de  cargar el burro, ya que  la estiba y los amarres  siempre tenían sus complicaciones,  a  lo cual  respondimos  con un  endeble  sí .  A pesar de la insistencia de la Abuela  para  que el  Juanucho, el hijo de doña Rosa,  nos acompañara, en esta oportunidad  decidimos  mentir,  diciendo  que  podíamos  hacerlo  y sin la ayuda del Juanucho. 

 

Juanucho,    a pesar  de ser  bastante joven,  tenía experiencia y   destreza en  las artes de caballería, era un innato codpeño  y conocía perfectamente el territorio.  Pero  nos complicaba algo  que no queríamos  aceptar,   que   en el trayecto hacia la chacra el  Juanucho  nos quitara la oportunidad  de montar el viejo burro. Sabíamos que si juanucho  nos acompañaba, de ninguna manera  podríamos cabalgar  en el viejo asno.

 

En lo inmediato  doña Rosa saco el animal  del corral,   coloco sobre  sus lomos      algunos cueros y aperos que  daban vuelta   por la barriga de este, después  hizo unos amarres,   nos paso  un par de sogas   que estaban destinadas para asegurar  la  carga,  enseñándonos en forma practica    cómo amarrar  los  sacos que nos había encargado la abuela.

 

-Primero se monta  un saco y  se amarra así,  después el otro y se termina de amarrar así. Acerquen el burro  a una piedra grande, será mas fácil para ustedes  hacer la carga.      Ahí esta, llévenselo, y tengan  mucho cuidado con desbocarlo,  y no lo metan por la plaza del pueblo.

 

 

 

Partimos con  el burro  por las  callejuelas del pueblo, bajamos por un costado de la Plaza y enfilamos hasta  el paso de la virgen,  para tomar el camino tropero que nos llevaría valle  abajo.  Al llegar a los    perales  de doña Pascuala  decidimos, por fin,   montar el viejo asno y sin problema alguno  nos encaminamos disfrutando  de los  parajes que  nos regalaba la   naturaleza del valle de Codpa.

 

En el trayecto  hacia la chacra de la Abuela,   a pesar del lento avance  del animal, minuto a minuto  lo  disfrutamos, ya que siempre  y cada vez que la abuela nos mandaba a la chacra, lo teníamos que hacer  caminando.  No siempre teníamos la oportunidad de “cabalgar”, aunque sea en un pobre y viejo Burro.   Todo   era una verdadera  aventura,  era  sentirse como   aquellos   arrieros del valle de  Codpa,  que  iban  y venían de pueblo en pueblo, cruzando  ríos bravos, subiendo cuestas  y cantando  coplas  carnavaleras como lo hacia el abuelo Nolberto.          

 

El trayecto hasta  la chacra, que  duro  un poco más de una hora, a pesar de que  podría haber sido mucho  menos,  de ninguna manera apuramos al lento equino.  Habíamos tenido un  viaje  cómodo, además, teníamos  la plena confianza  que  de  vuelta, a pesar de tener que  caminar,  el viejo  burro  haría  el trabajo  de llevar los    pesados sacos de membrillo que nos había confiado la abuela. 

 

Fue así como llegamos al predio de la abuela,  una pequeña chacrita  que se caracterizaba por relucientes  arboleadas  cargadas con  grandes y sabrosos membrillos. En mas de una oportunidad la abuela se había sentido  orgullosa de tener  los membrillos más grandes y ricos  del valle.  Cada vez que llegaba alguna autoridad o algún personaje importante   al pueblo, a la Abuela le correspondía  presentar  sus  membrillos  que arrojaba su pequeña hijuela.

 

 

Cuando di alcance a  los   sacos  harineros y   mi primo    terminaba de amarrar  el Burro,    nos dejamos   caer  en picada hasta el   pequeño huerto,   buscando  y arrancando los más grandes y amarillitos, cosa que la Abuela  esta vez no  pudiera hacer sus típicos comentarios cuando las cosas no resultaban como ella  quería.  Sin duda, en pocos minutos llenamos los  sacos, haciendo el único  esfuerzo de  llevar  los harineros  hasta donde había quedado  amarrado el Burro.  Muy pronto teníamos  en las mismísimas  patas del asno  los  sacos con  los jugosos membrillos.    Entonces nos acordamos de las recomendaciones de doña Rosa. Así mismo,  acercamos  el Burro hasta  la piedra mas grande, le pedí a mi primo que me alcanzara el primer bulto,  como pude  lo puse sobre el lomo del animal y lo asegure  con  algunas  amarras sobre el  saco. Enseguida baje de la piedra,  acomode nuevamente al  Burro,    pedí el segundo saco  y lo pose  sobre  los cueros junto al otro,  tire  la soga e  hice un par de vueltas y termine  con un gran nudo. Hasta aquí  habían quedado perfectas las amarras y la estiba, por lo que había llegado el momento de  partir valle abajo, donde seguramente estaría esperando la Abuela.

 

-Arre burro, arre  burrito, 

 Con una caña hueca  le di varios golpes al  muslo del  asno y  haciendo señas que debía partir. El animal   dio sus primeros trancos, después apuro su paso acomodando perfectamente sus patas sobre  el pedregoso camino, mientras que la apreciada carga comenzaba a dar sus primeros vaivenes  que parecían venir del movimiento  que hacia el este   en su andar.  Mi primo y yo nos apostamos detrás del Burro, como tratando de  supervisar   su apurado tranco. Cuando aun, no habíamos avanzado  un poco mas  de 10 metros  las ataduras  comenzaron a ceder   y  como por  arte de magia ambos sacos cayeron  como cadáveres al suelo, quedando en el estrecho camino  el   desparramo  de los   jugosos  membrillos..

 

-Alto burrito, para burro, 

Gritaba mi primo al desbocado animal   y  corría  para darle alcance,   mientras  que yo   centraba todo mi esfuerzo  en recoger la carga que el equino esparcía alocadamente por el accidentado camino,  cuestión que nos empezaba a inquietar ya que la Abuela  nos había advertido  de que no aceptaría  membrillos machucados.

 

Convencidos de que nuevamente debíamos cargar  el  Burro,    buscamos una piedra mas grande.  Esta vez  la carga  la  haría mi primo,  quien  trato  de  acomodar  los sacos a su manera   y no como lo había  enseñado doña Rosa.  De una u otra forma, a esa altura del día,  no importaba,  lo importante era avanzar y llegar  antes que se hiciera mas tarde.  Así mismo,  y  con la  caña en mano  nuevamente  di un  par de golpeteos al  pobre  animal. Cuando  parecía que la cuestión resultaba,  empezaron nuevamente los vaivenes y  en la medida  que el Burro apuraba su tranco la cosa empeoraba.  Cuando  nos preparábamos para subir  una pequeña cuesta    nuevamente empezaron las dificultades,  ambos sacos  se  salieron de las amarras quedando estos  con su boca hacia  abajo  y  en la medida que el Burro apuraba su tranco,  el  peso de la carga  hacia  que las amarras cedieran,  dando paso  a una nueva  regadera de membrillos por el camino.   Mi primo, muy  indignado,  corrió a   parar el Burro,   pero  entre  los griteríos  y garabatos,  el Burro termino espantado  y  corriendo  como  loco  se perdía   mas allá de  la  pequeña cuesta.

 

La regadera de membrillos esparcidos a los largo del camino y  el Burro espantado   mas  allá de la cuesta, no solo nos  hacia pensar de que  éramos  un par de inútiles en el  noble oficio de arriero, sino que  también,  nos acordamos de los retos   que nos  daría   la Abuela  con su huasca siempre en  la mano.  El solo hecho de pensar lo enojada que se pondría, me  motivo correr   para dar alcance al  Burro, pero cuando estuve  punto de  agarrarlo, este como  potrillo salvaje  escapo diestramente, esta vez alejándose mucho mas,   dando  trotes  largos y  movimientos burlescos.

 

Miestras mi primo recogía  los membrillos,  que  a esa altura  se veían  bastante negros,  le propuse que nos olvidáramos del Burro, y que a partir de ese momento éramos  los que tendríamos  que llevar la  carga,  por  lo que decidí tomar la delantera  con uno de  los sacos   al hombro,  haciendo lo mismo  mi primo.   Juntos  y a la vez  rezongábamos  no solo  por el peso de la carga,  sino  que también   contra el Burro   y  el  sol  que ha esa hora reinaba,  y  que nos hacia picar hasta las orejas.   Cuando faltaba  muy poco  para  llegar hasta  los perales de doña Pascuala  por cosa de Dios  apareció el Burro, pero a medida que   nos acercamos, este   se volvía a alejar alocadamente.   Así nos tuvo como cuatro o cinco veces, hasta que  finalmente  desapareció  justo  cuando  empezábamos a divisar  las primeras casas del Pueblo.

 

Cuando nos aprestábamos a cruzar el río  por el puente viejo,   con la intención de cortar el  camino  para llegar pronto a la casa , desde  una de las chipachas  apareció  la Abuela con su  perfecta  e infaltable  huasca en la mano.

 

-Que paso carajo.

- Aquí trajimos los membrillos Abuela

- Y el Burro!, pregunto en forma airada

-Bueno, el Burro no quiso traer la carga,

Dijo mi primo

- Me ha dicho la comadre Rosa, que lo han visto   por   la plaza de pueblo  comiéndose las flores.  Por que  no quisieron que el Juanucho los acompañara?.  En vez de cargar los sacos  el animal,  lo  han cargado ustedes carajo, par de inútiles.

Fueron  preguntas que nunca respondimos.

 

- Bueno,  pero lo importante es que llegamos con los membrillos.

Alcance a responder, cuando la abuela pregunto

 

-A ver, muestren esos  membrillos.

 Entonces baje  el saco que cargaba sobre mis espaldas y  cuando  me disponía a  mostrarlos,  recibí  el primer huascaso  en las piernas

 

- Carajo, mira como has traído los membrillos, todos negros y machucados, ni los chanchos han  de querer comérselos.  Ahora, váyanse para la casa  y es mejor que se acuesten,  porque si los pillos de pie, mas huasca  les voy a dar.  Hablare con  la comadre Rosa para ver que paso con el Burro.

 

A pesar de los huascasos, los  retos  y el castigo  que nos dio la Abuela, aprendimos un par de cosas.

 

Que la abuela tenía razón, ella nos mando  a buscar membrillos siempre y cuando  el Juanucho   nos acompañara  y cargara  el Burro. Por no obedecer  tuvimos que  cargar  los sacos de membrillos,  mientras que el Burro  gozaba  de los parajes  y del esfuerzo que hacíamos  para llegar con tan valiosa carga.

 

Que  nuestro sueño   de ser  como los viejos arrieros del valle de Codpa estaba muy distante.

 

Todavía conservo  los recuerdos de   aquel  viejo asno  que se  burlo  de nosotros  en aquel camino tropero, cuando  debimos cargar  como burro  los apetitosos  membrillos  de la chacra  de la Abuela. 

 

Por muchos años fue la  anécdota fue la mas contada entre  muchos  codpeños, quienes  gozaron de  nuestra inexperiencia  y  del  sueño  de querer ser como los antiguos  arrieros de aquellos cerros  y  confines  que están mas allá de Caleta Vitor.

 

 

 

 

Francisco Rivera Bustos

Apuntes “Por este valle a lo largo”

Pintatani2@hotmail.com. 

 

 

Codpa, Por este valle a lo largo...

Oda y defensa al Vino Pintatani

Apuntes " Por este Valle a lo largo"
Autor : Francisco Rivera Bustos

Aquí, en este pedregal, entre cerros alegres y cielos estrellados,
donde las pircas milenarias dividen los espacios del sustento.
Donde las Viñas viven acompañadas de guayabos, naranjos y perales,
limitados por añosos eucaliptos, canales hormigonados y acequias de tierra y piedras canteadas.

Aquí, en esta bendita tierra, las de mis abuelos,
que entre chilcas y adobes construyeron sueños y esperanza.
Aquí están los hijos de aquellos que dejaron el sustento;
Arrieros que van y vienen de pueblo en pueblo, cruzando ríos bravos y noches oscuras,
con recuas cargadas que suben y bajan hasta el confín de mis sueños,
mas allá de Caleta Vitor.

Y si ustedes observan el cielo,
Verán a los abuelos testigos de este milenio;
Canteros de piedra sobre la piedra,
constructores de “Lagares” para la Uva negra.
Constructores de “Puntay” para Caldos y Mostos,
hechos con pies desnudos y manos morenas,
como lagrimas benditas de la mujer Codpeña.


Salud por Chitita
y por los alegres jóvenes de Guañacagua

Salud por Guatanabe, tierra de inolvidables Carnavales

Entonces también, brindemos por Poroma, Marquirave y Mal paso,
donde los abuelos brindan en chuicos y damajuanas

Salud por el Molino, la Hacienda y la Virgen,
donde se canta a Manuelito, el Niño de la esperanza

Salud por Champale, la Falca y Cachi Cachi,
donde se Chaltan Cruces con mostos y pahua

Salud por el Tapial, la Ladera y Negro Alata,
donde se canta y se baila hasta la mañana

Salud por Amazaca, Cerro blanco y Ofragìa,
donde cuarterolas y toneles alegran las fiestas
Brindo por Cachicoca, Bodega y Pintatane,
donde los Caldos hierven de tanta espera…

Salud por el valle de Codpa y su Vendimia
Salud por esta Quebrada de hombres y mujeres alegres
Brindo por este Valle a lo largo,
por mi vino viejo, el Pintatani seco.


Francisco Rivera Bustos
pintatani2@hotmail.com

LAS RUTAS DEL PINTATANI

Apuntes: “Por este Valle a lo Largo...”
Autor : Francisco Rivera Bustos

No existe duda, que los primeros hombres que se establecieron en el valle de Codpa, para consolidar la cultura prehispánica existente, precisamente no eran de raza blanca y venidos de España. Esta conclusión permite considerar que estos, mas bien, eran hombres mestizos y nacidos durante la consolidación del virreinato del Perú. A pesar de tener un ligero dominio del idioma castellano, el apego a su lengua natural desnudaba su identidad originaria y cultural (quechuas). Por lo general estos eran altos, de figura maciza, rostros acanelados, rasgos finos y aguilados. Se distinguían por una activa religiosidad popular y un abundo conocimiento de las tareas agrícolas y comerciales, destacándose en ellos un dominio innato en las actividades de caballerías.

Un segundo plano y que restablece la historia, son los hechos que ocurren a mediados del siglo XVII ( a mediados de 1781), cuando el poblado de Codpa es testigo del único levantamiento popular encabezado por hombres mestizos e indígenas ligados al liderazgo del cuzqueño José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II). Estos en un acto de rebeldía frente al colonialismo son capaces de apoderarse de una parte considerable del Valle, paralizando estratégicamente el movimiento comercial en casi toda la precordillera. Entre sus demandas exigían la restitución de las tierras usurpadas a los indígenas, los que habían sido expulsados a los sectores cordilleranos y del altiplano. En este revuelo de intereses y de profunda contradicción, entre los hombres que defendían la corona de España y de aquellos que impulsaban la rebelión, en la Plaza del poblado era decapitado el gobernador Diego Felipe Cañipa, quien profesaba la fe católica y la defensa del orden que imponía el Virreinato. La muerte del Gobernador Cañipa y el exilio de su familia a la quebrada de Livilcar, causa un profundo dolor y malestar a la Iglesia Católica. Sin embargo esta tenía una enorme influencia sobre las autoridades de la época y el Ejército leal a la Corona. Culminada la revuelta y normalizada la situación, por tropas provenientes de otras gobernaciones, nuevamente se restablece el comercio y se logran despejar las rutas más importantes que unían los principales poblados con el Valle de Codpa.

Los dramáticos sucesos durante aquella época, nos permite determinar fehacientemente que el Valle de Codpa era un importante centro de abastecimiento y contaba con una diversidad de rutas troperas que confluían indistintamente a lo largo del Valle. La actividad agrícola se caracterizada por los huertos y chacras donde relucían las parras con cepas traídas de los valles del norte del Perú, así como las arboledas subtropicales que producían cítricos, membrillos, peras de pascuas, guayabos, cuaresmillas, durazno blanco, etc. Esta actividad agrícola daba un valor fundamental al Valle, lo que permitía abastecer las localidades vecinas, los puertos de Arica e Iquique y una buena parte del altiplano Boliviano. No solo la producción de frutos era la principal actividad comercial, sino que además, fueron los apetecidos vinos y mostos que lograron un prestigio en casi toda la región macro andina. Esto permitió que la economía de algunas familias emergiera considerablemente.

A partir de los primeros movimientos de emancipación, era posible destacar dos tipos de familias; las pudientes o dueños de predios de no más de 4 hectáreas, y las familias de los lacayos o labriegos sin tierra; gente que provenía de poblados vecinos y de los sectores altos de la precordillera.
De ninguna manera los que tenían más eran potentados terratenientes. El propio esfuerzo y su capacidad de llevar sus productos mas allá de sus fronteras les permitía consolidar un mejor bienestar económico. Su trabajo como agricultores era complementado con el de arriero y a la vez de comerciante. Para poder mejorar sus ingresos o mantener su estabilidad económica debían estar alejados de sus familias por semanas o meses.

PINTATANI O PINTATANE

Las diversas festividades religiosas, tanto de los poblados vecinos, como de las localidades más alejadas, permitían un importante consumo de vino producido en Codpa. Estos mostos eran reservados con un año de anticipación logrando ser vendidos antes de la cosecha y de su fabricación. Aquellos que no se lograban vender la producción del año, debían que buscar nuevos mercados, siendo las localidades mas alejadas del valle. Es por ello, que los productores de vino contaban con un importante numero de mulas y caballares, además, con varias docenas de envases, siendo las cuarterolas de roble las mas usadas. Estas vasijas eran adquiridas en el puerto de Arica, específicamente del Valle de Azapa.

Este desafío, tanto el viaje como la comercialización tenían diversas aristas que complicaba muchas veces los objetivos de los arrieros y sus acompañantes (porteadores indígenas). Los continuos asaltos, el frío, el calor, las enfermedades, el cansancio y la muerte de los animales, eran costos altísimos, que a veces no recompensaban el sacrificio laboral y humano. Los regresos al terruño también, tenían sus complicaciones, quizás por el dinero que manejaban los arrieros y las mercaderías como producto del trueque que se realizaba en los sectores altos. Mas allá de las dificultades los viajes siempre fueron generosos y provechosos. La seguridad de los hombres siempre estuvo puesta en sus creencias y su religiosidad por la santísima Cruz y los patronos del valle, sus protectores espirituales.

Según antecedentes y que provienen a principios del siglo XVIII; desde los sectores de Pintatane, Calaunza, Bodega y Cachicoca, ubicados valle abajo, la producción vitivinícola era destinada al Puerto de Arica y al Valle de Azapa, donde existía un consumo importante, especialmente en las comunidades de afroazapeños. El trayecto tenía una duración de 24 horas y era una de las mas transitadas, ofreciendo mayor seguridad para los arrieros. Por el origen y la procedencia del vino en el puerto de Arica y en el Valle de Azapa pasa a ser conocido como “vino de Pintatane”, que en la lengua Aymara significa “Limite”.

Desde los sectores altos, específicamente de la localidad Colchane, llegaban los marchantes (familias ganaderas) quienes eran importantes proveedores de carne de alpaco o llamo, quinua y papa chuño. Su principal actividad era el intercambio de sus productos por frutos frescos y secos, y los apetecidos vinos del valle. Este trueque se realizaba en el mismo valle o en los poblados vecinos. La venida de los Marchantes provocaba un gran alivio para las familias más pobres del valle.

El prestigio del vino de pintatane y el alto grado alcohólico que contenía, hacía que muchos hombres de los sectores cordilleranos también lo apetecieran, especialmente en las festividades religiosas de los poblados. No fueron pocos los arrieros de Codpa que emprendieron viajes hacia las localidades cordilleranas, específicamente hasta el poblado de Putre, que durante aquella época tenía una población flotante sobre las 10.000 personas. En este circuito nunca quedaron fuera los poblados de Socoroma, Belén, Chapiquiña, Saxamar y Ticnamar.

Culminada la Guerra del Pacifico, el Valle de Codpa queda en la mira de las nuevas autoridades Chilenas. Por tener un numero destacado de habitantes y ser un importante centro agrícola y comercial, a mediados del año 1886 las autoridades acompañadas por tropas chilenas, toman posesión definitiva del Valle, quedando como autoridades políticas y administrativas los Delegados y Subdelegados de localidades. Estas autoridades comúnmente provenían del sur del país, o en su efecto eran distinguidos vecinos que habían adoptado la nacionalidad chilena.

Mas allá de los cambios y los efectos que provocaba la “Chilenización”, la festividad religiosa en torno a la Virgen de las Peñas era creciente. Eran miles los devotos y promesantes venidos de distintos puntos de la región, considerando a una buena parte de ciudadanos peruanos. En este escenario, el Santuario de las Peñas era un mercado importante para el consumo del vino de pintatane. A pesar de estar prohibida su venta y consumo, por ser considerada “zona seca”, las posadas y cocinerias se las ingeniaban para vender el conocido “tecito helado”. Sin duda, esta festividad no solo permitía la venta del vino traído de Codpa, sino que también, eran bienvenidos los aportes que dejaban los animales de carga y monta por los viajes que se hacían entre el paradero y el Santuario de las Peñas.

A principios del siglo XIV, en pleno auge del salitre, las oficinas salitreras eran vistas como importantes centros de consumo, entre ellos el alcohol y los frutos de la zona. No solo la experiencia y la osadía de los arrieros les permitiría llegar hasta estos centros laborales, sino que además, debían contar una buena y sana tropa de caballares y mulas, lo que les permitía llegar sin mayores problemas a los principales destinos. El puerto de Pisagua fue testigo de la llegada de importantes cargamentos de vino de Pintatane. También lo fue la estación ferroviaria de Zapiga, donde los comerciantes se encargaban de la distribución hacia las diversas oficinas salitreras de la pampa. Esta actividad se destaco hasta fines de 1940, su término, se debió principalmente a la crisis del salitre y al cierre de numerosas oficinas salitreras.

A mediados de la década del 1950, se inicia un mejoramiento importante de las comunicaciones viales hacia la localidad de Codpa. Se construye el primer camino rural que llegaba hasta el Alto de Codpa. Esto permitió mejorar, en tiempo y servicio, el envió de los productos hacia la ciudad de Arica. A pesar de estos avances la situación de los productores de vino y de los agricultores en general pasaba de mal a peor. Las razones eran; la llegada masiva, al puerto de Arica, de vinos y frutos del sur del País. Además, comenzaba una nueva etapa de oportunidades para la ciudad de Arica ( Puerto libre e industrialización), especialmente de trabajo y de un notorio mejoramiento de la educación pública. Esto genero la migración de las familias más jóvenes. A diferencia de Codpa, donde la carencia de trabajo y la falta de oportunidades hacían estragos en las vidas de las personas más jóvenes. Muchos de estos, después de cumplir con su Servicio Militar Obligatorio en la ciudad, nunca mas volvieron al valle de Codpa, se quedaron para aprovechar las bondades que les ofrecía la ciudad de Arica.

Por no existir o vislumbrarse mejores oportunidades fueron numerosos los propietarios que arrendaron y vendieron parte de sus predios. Otros los dejaron al cuidado de vecinos y familiares, lo que significo el desmejoramiento de las moradas y las Bodegas. Esto significo el envejecimiento y la pérdida de la principal infraestructura para la fabricación y guardado del vino: vasijas y toneles. Los últimos animales de carga, asnos y mulas, fueron reemplazados por los primeros vehículos motorizados (camiones) que hacían viajes desde Arica hasta el alto de Codpa. Los animales de carga solo eran usados para sacar los productos desde los predios hasta el Alto Codpa.

Diez años mas tarde, el camino rural llegaba al mismo poblado de Codpa. Posteriormente serian terminadas las huellas que nos conduce hacia el Poblado de Guañacagua (valle arriba), y más tarde hasta al sector de Ofragia (valle abajo).

Ni el tiempo, ni la mano de hombre han podido borrar los caminos troperos llenos de historia, sacrificio y osadía. Las rutas del pintatani están allí, intactas.

Francisco Rivera Bustos
Apuntes: “Por este Valle a lo largo...”
pintatani2@hotmail.com


Don Nolba.. un arriero por las comarcas del Norte

Cuenta la leyenda que por la pampa de “Apanza”
han visto pasar la figura alocada de un hombre sobre un caballo desbocado.
Que en su andar, este canturrea y lanza arengas llena de versos y coplas
que retumban sobre los áridos cerros de aquella comarca.
Dicen que habla a su caballo y que después conversa con su inquieta y perfecta sombra.
Algunos arrieros y lugareños del valle de Timar dicen; que es la presencia del Tabardillo, que va y viene de pueblo en pueblo.
Para no espantar su almita y no caer en el miedo,
solo a la distancia hay que saludar su presencia.
Aujaaa... Tabardillo, salud con charqui y vino.

Don Nolberto Guzmán García, no deja de ser uno de los personajes mas recordados de la Quebrada del Valle de Codpa (Comuna de Camarones). Quienes lo conocieron y aquellos que han escuchado mas de una anécdota, sobre sus acaloradas vivencias en los antiguos poblados precordilleranos, no olvidan sus alocadas improvisaciones que a veces hacían de la vida rural un paraíso de hombres alegres y humanitarios.

Don “Nolba”, o el “Tabardillo” (por su personalidad alocada) fue un hombre sobresaliente en sus ancestrales y trabajosas actividades rurales de la precordillera. Este pequeño agricultor, arriero, guía y conocedor de comarcas, nació y murió libre de fronteras, credos y blasfemias. Siendo un mocete de quince años fue perseguido por negarse a aceptar la nueva nacionalidad que se imponía a los jóvenes durante la época de la llamada “chilenización”.

Don “Nolba” fue un arriero de tomo y lomo, un perfecto conocedor de los innumerables caminos troperos que se enlazan por las pampas y quebradas, y que unen los diversos poblados de la precordillera y del altiplano.

Desde los caseríos de Ofragía, ubicado en quebrada de Codpa, partía con sus recuas y caballares hacia localidades y poblados vecinos, llevando los apetecidos frutos codpeños y los exquisitos mostos de vino Pintatani, los que se comercializaban en las florecientes y emergentes oficinas salitreras de la Pampa. Su noble oficio lo llevo a intercambiar sus productos, no solo, por los innumerables rincones de la provincia de Tarapacá, sino que también, por los poblados vecinos que están mas allá de las fronteras.

Dicen que el “Tabardillo”, en cada pueblo herraba presencia con su particular personalidad. Su don de cantor y poeta lo llevaron a declamar sus versos cubiertos en payas, cantares y coplas, que siempre se relacionaron con sus vivencias y sus andares. Dicen que jamás se quejo de la vida, al contrario, donde llegaba alegraba los corazones de los comuneros. Más de una ñusta, mozeta o viuda, estuvo siempre dispuesta a conocer los encantos íntimos de don Nolba.

Los años y la maestría convirtieron a don Nolba, en un hombre “peligroso”, no solo, por conocer las comarcas del norte como la palma de su mano, sino que también, por su capacidad de comunicarse socialmente con los comuneros. Pues, era a él a quien esperaban con ansias, seguramente para conocer de su propia boca los nuevos hechos que provocaba la “chilenización”, particularmente en los poblados donde don Nolba dejaba huellas y presencia.


Se dice que estando en una cantina en el poblado de Esquiña, y con algunas copas en la cabeza, don Nolba, tuvo que enfrentar un duelo de payas, nada menos, con el delegado del pueblo. Este en su canto lo conmino a asumir de una vez por toda la calidad de chileno; haciendo la siguiente alocución ante algunos lugareños presentes:

“Dicen que al Tabardillo
no le queda patria ni suelo,
y que por temor al diablo,
no quiere hacerse chileno”

El tabardillo, siempre con buen humor y con espíritu chispeante no tardo un segundo en dar respuesta a la primera autoridad del pueblo:

“Brindo por Tacna y Arica
y por los valientes del Atacama”...

Cuando el Delegado esperaba ansioso el asentimiento y la confirmación de su desafió, don Nolba canto la segunda parte del verso:

... más valiente fue mi padre
que le hizo un huacho a tu mama”

Los asistentes impactados dieron rienda suelta a las carcajadas, llenando de aplausos la vivaz respuesta. El delegado, aun perplejo, estiro su brazo derecho para felicitar a su contendor por la inesperada respuesta envuelta en un simple verso.


Don Nolba nunca adopto la nueva nacionalidad, motivos que justificaron en más de una oportunidad su alejamiento de la localidad de Codpa. Sus exilios siempre fueron los rincones y las quebradas de su propia tierra.

Cuando el Doctor Juan Noe Crevani, llego al valle de Camarones para iniciar su Campaña contra la Malaria, don Nolba se presento como voluntario para acompañar y guiar las tropas sanitarias, las que tenían como misión llegar a los rincones más inhóspitos de la provincia. Culminada la Campaña la labor de don Nolba fue reconocida, no solo, por el mismísimo doctor Noe, sino que además, por el Cuerpo de Carabineros de Chile, quienes tenían a su cargo la conducción de las caravanas sanitarias. Este reconocimiento le permitió a don Nolba vivir tranquilamente hasta los últimos años de su vida.

40 años después de su muerte, estando en la localidad de Cobija ( Comuna de Camarones) mientras celebrábamos la “Vilancha”, debido a la inauguración del camino al valle de Tulapalca, don Jacinto, el comunero mas antiguo de la localidad, en agradecimiento a la Pacha mama declamo el siguiente verso.

“Brindo por Tacna y Arica
y por los valientes del Atacama,
mas valiente era el Tabardillo
que nos traía los ricos membrillos”.


Los restos de Don Nolberto Guzmán García, descansan en el cementerio del poblado de Codpa. En su mausoleo familiar siempre hay flores frescas y hermosas guirnaldas de colores, símbolos que indican la presencia de un hombre que amo a su tierra, a su gente y por sobre todo su libertad.

Dicen que cuando la luna esta llena por la Pampa de Apanza se escuchan los cantos alegres y las arengas "proscritas" del gran Tabardillo.


FRANCISCO RIVERA BUSTOS
pintatani2@hotmail.com
Apuntes: Por este valle a lo largo...

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