10 mil años para la nueva Región
Por Francisco Rivera Bustos
Durante el séptimo milenio, antes de Cristo, los grupos humanos de la cultura Chinchorro se asentaron para organizar su subsistencia. A partir del conocimiento agrícola, sin dejar de reconocer las complejidades, nacen los primeros agricultores influenciados por pobladores venidos de los altos andinos (Parinacota) pertenecientes a la cultura del Tiwanaku. No había pasado mucho tiempo en consolidarse la "Cultura Arica", cuando irrumpe el dominio y la influencia del Tawantinsuyo con su cultura incásica. Estos cuatro procesos históricos constituyeron el baluarte y la base del desarrollo de la región, cuya etnicidad sociocultural ha concertado a dos grandes tradiciones; "alto andina" y a la tradición "andino costera", que en conjunto dieron origen a los milenarios pueblos y culturas del desierto del norte de Chile.
La fundación de Arica fue otro hecho relevante, no solo por la llegada de los “conquistadores”, que trajo consigo los algodonales , olivares, caña de azúcar y viñedos, y el adoctrinamiento de la religión cristiana, sino que también, la presencia de la población angoleña. En los hechos, la llegada del hombre europeo y continente africano marcó una nueva relación de interculturalidad y de valores de sobrevivencia.
Culminada la "guerra del salitre", se destaca la llegada de los hombres del sur y un nuevo proceso de "chilenización" causa un profundo quiebre social en las comunidades indígenas y en las familias peruanas y bolivianas asentadas el territorio. A fines del siglo XIX los primeros emigrantes europeos pasan a ser un ejemplo de emprendimiento. Connotados fueron los italianos, españoles, chinos y "yugoslavos" que en un plano laboral logran abrirse paso al desarrollo social y económico.
Dos hechos relevantes marcarían el inicio del desarrollo de la región; la construcción del ferrocarril Arica la Paz, y la lucha liderada por el Dr. Juan Noe, para erradicar definitivamente la malaria. Otros hitos vendrían, en la medida que los emergentes liderazgos confluyeran en un sentido unitario, siendo los más importantes: el puerto libre, la Junta de Adelanto de Arica; como importante impulsor de obras, entre ellas, la Universidad de Chile y del Norte, hoy Universidad de Tarapacá.
El puerto libre trajo consigo bondad y prosperidad para muchos, también masivas migraciones de las comunidades de los altos andinos, precordillera y de la pampa. También fueron los miles de hombres y mujeres venidos del sur del país. También de jóvenes de países vecinos, que se insertan en los valles agrícolas; hoy junto a sus descendientes componen un movimiento social y cultural muy importante.
La nueva región de Arica Parinacota es una gran multiculturalidad, donde conviven diferentes cosmovisiones y tendencias culturales que conforman el gran movimiento identitarío de ariqueños y parinacotenses.
Por Francisco Rivera Bustos
AGRICULTORES DEL VALLE DE CODPA INQUIETOS POR LA FALTA DE AGUA PARA EL NORMAL RIEGO EN SUS PREDIOS.
Como una desgracia para sus proyectos agrícolas calificaron los agricultores de los sectores de Cerro Blanco y Ofragía la falta del vital liquido para el riego de sus predios agrícolas. . Del mismo modo, destacaron que esta situación no solo se debe a la merma natural del río, que acontece durante estos meses, sino que además, a la falta de voluntad de algunos regantes de los sectores altos del valle, que no respetan el riego que le corresponde a sus predios. Por lo mismo, durante esta semana se reunieron en el poblado de Codpa con el propósito de organizar la mita y la supervisión de este importante elemento. Ante esta situación, los comuneros afectados exigieron a sus dirigentes mayor control para que se respeten y se cumplan los plazos, seis días, para que el agua pueda llegar sin problemas hasta sus bocatomas.
De la misma forma, tomaron el acuerdo de elegir y mandatar a una Comisión especial, compuesta por regantes y accionistas, para que inicien el proceso de legalización de la Junta de Vigilancia (asociación de regantes) de la cuenca Codpa Vitor. El propósito es unir en una sola organización, de cordillera a mar, a todos los usuarios de las aguas permanentes y eventuales. Es importante considerar que la actual Junta de Vigilancia no tiene personalidad jurídica; lo que afecta y perjudica a sus asociados, y qué en los hechos no logra superar los problemas cuando ocurren emergencias relacionadas con el manejo hídrico de la cuenca.
Por ultimo, tomaron el acuerdo de trabajar en forma unida, tanto la Junta de Vigilancia como la Comisión de Defensa de la Cuenca Codpa Vitor, para superar las actuales condiciones y lograr un objetivo común: Proteger y cuidar las aguas y los derechos ancestrales. Asimismo, destacaron que realizaran una asamblea de regantes, considerando a las comunidades de agua del valle de Codpa, a los sectores alto de la cuenca y a los usuarios de las aguas eventuales del valle de Chaca y Vitor. Esta se realizara el día miércoles 26, a partir de las 11.00 horas, en el poblado de Codpa.
- Levántense carajo, salio el sol y ustedes todavía acostados. Fue el primer comentario que hizo la Abuela, con la huasca en la mano, cuando los primeros rayos del sol se asomaban por los cerros áridos que dan forma a la gran quebrada del valle de Codpa.
- Tomen desayuno, para que después bajen a la chacra a buscar un poco de membrillos para sus hermanos.
Sin duda, la abuela tenía la mesa servida; pan amasado, huevos revueltos, mantequilla y queso de Cobija. Una enorme tetera negra hervía sobre los leños que humeaban frágilmente en la vieja cocina.
-Cuando terminen vayan donde la comadre Rosa y pídanle prestado el Burro, y díganle al Juanucho que los acompañe, ¡él sabrá como cargar al Burro!
La Abuela, salio en busca de un par de sacos harineros, sin decir antes:
-No quiero membrillos machucados!
Fue el último comentario que les escuchamos, antes de partir hasta la morada de doña Rosa que estaba a la entrada del pueblo.
Doña Rosa, era una mujer muy trabajadora y tenia una larga la amistad con la abuela. En mas de una oportunidad se habían hecho comadres y siempre se ayudaban en las labores domesticas y agrícolas. Era la dueña del único Burro que quedaba en el Pueblo, sin duda, era lo mas preciado que tenia, ya que gracias al animal podía trasladar la fruta desde su chacra y los leños secos que sacaba desde las chipachas cercanas al río.
-Doña Rosa, doña Rosa.
Gritamos desde la ventana que siempre permanecia abierta y desde muy temprano.
-Dice la abuela que le preste el Burro.
La mujer no vacilo en preguntar para que, ya que el dia anterior la abuela le había conversado sobre las intenciones de enviar un par de sacos con membrillos para la ciudad. La única preocupación de doña Rosa era saber si éramos capaces de cargar el burro, ya que la estiba y los amarres siempre tenían sus complicaciones, a lo cual respondimos con un endeble sí . A pesar de la insistencia de la Abuela para que el Juanucho, el hijo de doña Rosa, nos acompañara, en esta oportunidad decidimos mentir, diciendo que podíamos hacerlo y sin la ayuda del Juanucho.
Juanucho, a pesar de ser bastante joven, tenía experiencia y destreza en las artes de caballería, era un innato codpeño y conocía perfectamente el territorio. Pero nos complicaba algo que no queríamos aceptar, que en el trayecto hacia la chacra el Juanucho nos quitara la oportunidad de montar el viejo burro. Sabíamos que si juanucho nos acompañaba, de ninguna manera podríamos cabalgar en el viejo asno.
En lo inmediato doña Rosa saco el animal del corral, coloco sobre sus lomos algunos cueros y aperos que daban vuelta por la barriga de este, después hizo unos amarres, nos paso un par de sogas que estaban destinadas para asegurar la carga, enseñándonos en forma practica cómo amarrar los sacos que nos había encargado la abuela.
-Primero se monta un saco y se amarra así, después el otro y se termina de amarrar así. Acerquen el burro a una piedra grande, será mas fácil para ustedes hacer la carga. Ahí esta, llévenselo, y tengan mucho cuidado con desbocarlo, y no lo metan por la plaza del pueblo.
Partimos con el burro por las callejuelas del pueblo, bajamos por un costado de la Plaza y enfilamos hasta el paso de la virgen, para tomar el camino tropero que nos llevaría valle abajo. Al llegar a los perales de doña Pascuala decidimos, por fin, montar el viejo asno y sin problema alguno nos encaminamos disfrutando de los parajes que nos regalaba la naturaleza del valle de Codpa.
En el trayecto hacia la chacra de la Abuela, a pesar del lento avance del animal, minuto a minuto lo disfrutamos, ya que siempre y cada vez que la abuela nos mandaba a la chacra, lo teníamos que hacer caminando. No siempre teníamos la oportunidad de “cabalgar”, aunque sea en un pobre y viejo Burro. Todo era una verdadera aventura, era sentirse como aquellos arrieros del valle de Codpa, que iban y venían de pueblo en pueblo, cruzando ríos bravos, subiendo cuestas y cantando coplas carnavaleras como lo hacia el abuelo Nolberto.
El trayecto hasta la chacra, que duro un poco más de una hora, a pesar de que podría haber sido mucho menos, de ninguna manera apuramos al lento equino. Habíamos tenido un viaje cómodo, además, teníamos la plena confianza que de vuelta, a pesar de tener que caminar, el viejo burro haría el trabajo de llevar los pesados sacos de membrillo que nos había confiado la abuela.
Fue así como llegamos al predio de la abuela, una pequeña chacrita que se caracterizaba por relucientes arboleadas cargadas con grandes y sabrosos membrillos. En mas de una oportunidad la abuela se había sentido orgullosa de tener los membrillos más grandes y ricos del valle. Cada vez que llegaba alguna autoridad o algún personaje importante al pueblo, a la Abuela le correspondía presentar sus membrillos que arrojaba su pequeña hijuela.
Cuando di alcance a los sacos harineros y mi primo terminaba de amarrar el Burro, nos dejamos caer en picada hasta el pequeño huerto, buscando y arrancando los más grandes y amarillitos, cosa que la Abuela esta vez no pudiera hacer sus típicos comentarios cuando las cosas no resultaban como ella quería. Sin duda, en pocos minutos llenamos los sacos, haciendo el único esfuerzo de llevar los harineros hasta donde había quedado amarrado el Burro. Muy pronto teníamos en las mismísimas patas del asno los sacos con los jugosos membrillos. Entonces nos acordamos de las recomendaciones de doña Rosa. Así mismo, acercamos el Burro hasta la piedra mas grande, le pedí a mi primo que me alcanzara el primer bulto, como pude lo puse sobre el lomo del animal y lo asegure con algunas amarras sobre el saco. Enseguida baje de la piedra, acomode nuevamente al Burro, pedí el segundo saco y lo pose sobre los cueros junto al otro, tire la soga e hice un par de vueltas y termine con un gran nudo. Hasta aquí habían quedado perfectas las amarras y la estiba, por lo que había llegado el momento de partir valle abajo, donde seguramente estaría esperando la Abuela.
-Arre burro, arre burrito,
Con una caña hueca le di varios golpes al muslo del asno y haciendo señas que debía partir. El animal dio sus primeros trancos, después apuro su paso acomodando perfectamente sus patas sobre el pedregoso camino, mientras que la apreciada carga comenzaba a dar sus primeros vaivenes que parecían venir del movimiento que hacia el este en su andar. Mi primo y yo nos apostamos detrás del Burro, como tratando de supervisar su apurado tranco. Cuando aun, no habíamos avanzado un poco mas de 10 metros las ataduras comenzaron a ceder y como por arte de magia ambos sacos cayeron como cadáveres al suelo, quedando en el estrecho camino el desparramo de los jugosos membrillos..
-Alto burrito, para burro,
Gritaba mi primo al desbocado animal y corría para darle alcance, mientras que yo centraba todo mi esfuerzo en recoger la carga que el equino esparcía alocadamente por el accidentado camino, cuestión que nos empezaba a inquietar ya que la Abuela nos había advertido de que no aceptaría membrillos machucados.
Convencidos de que nuevamente debíamos cargar el Burro, buscamos una piedra mas grande. Esta vez la carga la haría mi primo, quien trato de acomodar los sacos a su manera y no como lo había enseñado doña Rosa. De una u otra forma, a esa altura del día, no importaba, lo importante era avanzar y llegar antes que se hiciera mas tarde. Así mismo, y con la caña en mano nuevamente di un par de golpeteos al pobre animal. Cuando parecía que la cuestión resultaba, empezaron nuevamente los vaivenes y en la medida que el Burro apuraba su tranco la cosa empeoraba. Cuando nos preparábamos para subir una pequeña cuesta nuevamente empezaron las dificultades, ambos sacos se salieron de las amarras quedando estos con su boca hacia abajo y en la medida que el Burro apuraba su tranco, el peso de la carga hacia que las amarras cedieran, dando paso a una nueva regadera de membrillos por el camino. Mi primo, muy indignado, corrió a parar el Burro, pero entre los griteríos y garabatos, el Burro termino espantado y corriendo como loco se perdía mas allá de la pequeña cuesta.
La regadera de membrillos esparcidos a los largo del camino y el Burro espantado mas allá de la cuesta, no solo nos hacia pensar de que éramos un par de inútiles en el noble oficio de arriero, sino que también, nos acordamos de los retos que nos daría la Abuela con su huasca siempre en la mano. El solo hecho de pensar lo enojada que se pondría, me motivo correr para dar alcance al Burro, pero cuando estuve punto de agarrarlo, este como potrillo salvaje escapo diestramente, esta vez alejándose mucho mas, dando trotes largos y movimientos burlescos.
Miestras mi primo recogía los membrillos, que a esa altura se veían bastante negros, le propuse que nos olvidáramos del Burro, y que a partir de ese momento éramos los que tendríamos que llevar la carga, por lo que decidí tomar la delantera con uno de los sacos al hombro, haciendo lo mismo mi primo. Juntos y a la vez rezongábamos no solo por el peso de la carga, sino que también contra el Burro y el sol que ha esa hora reinaba, y que nos hacia picar hasta las orejas. Cuando faltaba muy poco para llegar hasta los perales de doña Pascuala por cosa de Dios apareció el Burro, pero a medida que nos acercamos, este se volvía a alejar alocadamente. Así nos tuvo como cuatro o cinco veces, hasta que finalmente desapareció justo cuando empezábamos a divisar las primeras casas del Pueblo.
Cuando nos aprestábamos a cruzar el río por el puente viejo, con la intención de cortar el camino para llegar pronto a la casa , desde una de las chipachas apareció la Abuela con su perfecta e infaltable huasca en la mano.
-Que paso carajo.
- Aquí trajimos los membrillos Abuela
- Y el Burro!, pregunto en forma airada
-Bueno, el Burro no quiso traer la carga,
Dijo mi primo
- Me ha dicho la comadre Rosa, que lo han visto por la plaza de pueblo comiéndose las flores. Por que no quisieron que el Juanucho los acompañara?. En vez de cargar los sacos el animal, lo han cargado ustedes carajo, par de inútiles.
Fueron preguntas que nunca respondimos.
- Bueno, pero lo importante es que llegamos con los membrillos.
Alcance a responder, cuando la abuela pregunto
-A ver, muestren esos membrillos.
Entonces baje el saco que cargaba sobre mis espaldas y cuando me disponía a mostrarlos, recibí el primer huascaso en las piernas
- Carajo, mira como has traído los membrillos, todos negros y machucados, ni los chanchos han de querer comérselos. Ahora, váyanse para la casa y es mejor que se acuesten, porque si los pillos de pie, mas huasca les voy a dar. Hablare con la comadre Rosa para ver que paso con el Burro.
A pesar de los huascasos, los retos y el castigo que nos dio la Abuela, aprendimos un par de cosas.
Que la abuela tenía razón, ella nos mando a buscar membrillos siempre y cuando el Juanucho nos acompañara y cargara el Burro. Por no obedecer tuvimos que cargar los sacos de membrillos, mientras que el Burro gozaba de los parajes y del esfuerzo que hacíamos para llegar con tan valiosa carga.
Que nuestro sueño de ser como los viejos arrieros del valle de Codpa estaba muy distante.
Todavía conservo los recuerdos de aquel viejo asno que se burlo de nosotros en aquel camino tropero, cuando debimos cargar como burro los apetitosos membrillos de la chacra de la Abuela.
Por muchos años fue la anécdota fue la mas contada entre muchos codpeños, quienes gozaron de nuestra inexperiencia y del sueño de querer ser como los antiguos arrieros de aquellos cerros y confines que están mas allá de Caleta Vitor.
Francisco Rivera Bustos
Apuntes “Por este valle a lo largo”
Pintatani2@hotmail.com.
Apuntes " Por este Valle a lo largo"
Autor : Francisco Rivera Bustos
Aquí, en este pedregal, entre cerros alegres y cielos estrellados,
donde las pircas milenarias dividen los espacios del sustento.
Donde las Viñas viven acompañadas de guayabos, naranjos y perales,
limitados por añosos eucaliptos, canales hormigonados y acequias de tierra y piedras canteadas.
Aquí, en esta bendita tierra, las de mis abuelos,
que entre chilcas y adobes construyeron sueños y esperanza.
Aquí están los hijos de aquellos que dejaron el sustento;
Arrieros que van y vienen de pueblo en pueblo, cruzando ríos bravos y noches oscuras,
con recuas cargadas que suben y bajan hasta el confín de mis sueños,
mas allá de Caleta Vitor.
Y si ustedes observan el cielo,
Verán a los abuelos testigos de este milenio;
Canteros de piedra sobre la piedra,
constructores de “Lagares” para la Uva negra.
Constructores de “Puntay” para Caldos y Mostos,
hechos con pies desnudos y manos morenas,
como lagrimas benditas de la mujer Codpeña.
Salud por Chitita
y por los alegres jóvenes de Guañacagua
Salud por Guatanabe, tierra de inolvidables Carnavales
Entonces también, brindemos por Poroma, Marquirave y Mal paso,
donde los abuelos brindan en chuicos y damajuanas
Salud por el Molino, la Hacienda y la Virgen,
donde se canta a Manuelito, el Niño de la esperanza
Salud por Champale, la Falca y Cachi Cachi,
donde se Chaltan Cruces con mostos y pahua
Salud por el Tapial, la Ladera y Negro Alata,
donde se canta y se baila hasta la mañana
Salud por Amazaca, Cerro blanco y Ofragìa,
donde cuarterolas y toneles alegran las fiestas
Brindo por Cachicoca, Bodega y Pintatane,
donde los Caldos hierven de tanta espera…
Salud por el valle de Codpa y su Vendimia
Salud por esta Quebrada de hombres y mujeres alegres
Brindo por este Valle a lo largo,
por mi vino viejo, el Pintatani seco.
Francisco Rivera Bustos
pintatani2@hotmail.com
Apuntes: “Por este Valle a lo Largo...”
Autor : Francisco Rivera Bustos
No existe duda, que los primeros hombres que se establecieron en el valle de Codpa, para consolidar la cultura prehispánica existente, precisamente no eran de raza blanca y venidos de España. Esta conclusión permite considerar que estos, mas bien, eran hombres mestizos y nacidos durante la consolidación del virreinato del Perú. A pesar de tener un ligero dominio del idioma castellano, el apego a su lengua natural desnudaba su identidad originaria y cultural (quechuas). Por lo general estos eran altos, de figura maciza, rostros acanelados, rasgos finos y aguilados. Se distinguían por una activa religiosidad popular y un abundo conocimiento de las tareas agrícolas y comerciales, destacándose en ellos un dominio innato en las actividades de caballerías.
Un segundo plano y que restablece la historia, son los hechos que ocurren a mediados del siglo XVII ( a mediados de 1781), cuando el poblado de Codpa es testigo del único levantamiento popular encabezado por hombres mestizos e indígenas ligados al liderazgo del cuzqueño José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru II). Estos en un acto de rebeldía frente al colonialismo son capaces de apoderarse de una parte considerable del Valle, paralizando estratégicamente el movimiento comercial en casi toda la precordillera. Entre sus demandas exigían la restitución de las tierras usurpadas a los indígenas, los que habían sido expulsados a los sectores cordilleranos y del altiplano. En este revuelo de intereses y de profunda contradicción, entre los hombres que defendían la corona de España y de aquellos que impulsaban la rebelión, en la Plaza del poblado era decapitado el gobernador Diego Felipe Cañipa, quien profesaba la fe católica y la defensa del orden que imponía el Virreinato. La muerte del Gobernador Cañipa y el exilio de su familia a la quebrada de Livilcar, causa un profundo dolor y malestar a la Iglesia Católica. Sin embargo esta tenía una enorme influencia sobre las autoridades de la época y el Ejército leal a la Corona. Culminada la revuelta y normalizada la situación, por tropas provenientes de otras gobernaciones, nuevamente se restablece el comercio y se logran despejar las rutas más importantes que unían los principales poblados con el Valle de Codpa.
Los dramáticos sucesos durante aquella época, nos permite determinar fehacientemente que el Valle de Codpa era un importante centro de abastecimiento y contaba con una diversidad de rutas troperas que confluían indistintamente a lo largo del Valle. La actividad agrícola se caracterizada por los huertos y chacras donde relucían las parras con cepas traídas de los valles del norte del Perú, así como las arboledas subtropicales que producían cítricos, membrillos, peras de pascuas, guayabos, cuaresmillas, durazno blanco, etc. Esta actividad agrícola daba un valor fundamental al Valle, lo que permitía abastecer las localidades vecinas, los puertos de Arica e Iquique y una buena parte del altiplano Boliviano. No solo la producción de frutos era la principal actividad comercial, sino que además, fueron los apetecidos vinos y mostos que lograron un prestigio en casi toda la región macro andina. Esto permitió que la economía de algunas familias emergiera considerablemente.
A partir de los primeros movimientos de emancipación, era posible destacar dos tipos de familias; las pudientes o dueños de predios de no más de 4 hectáreas, y las familias de los lacayos o labriegos sin tierra; gente que provenía de poblados vecinos y de los sectores altos de la precordillera.
De ninguna manera los que tenían más eran potentados terratenientes. El propio esfuerzo y su capacidad de llevar sus productos mas allá de sus fronteras les permitía consolidar un mejor bienestar económico. Su trabajo como agricultores era complementado con el de arriero y a la vez de comerciante. Para poder mejorar sus ingresos o mantener su estabilidad económica debían estar alejados de sus familias por semanas o meses.
PINTATANI O PINTATANE
Las diversas festividades religiosas, tanto de los poblados vecinos, como de las localidades más alejadas, permitían un importante consumo de vino producido en Codpa. Estos mostos eran reservados con un año de anticipación logrando ser vendidos antes de la cosecha y de su fabricación. Aquellos que no se lograban vender la producción del año, debían que buscar nuevos mercados, siendo las localidades mas alejadas del valle. Es por ello, que los productores de vino contaban con un importante numero de mulas y caballares, además, con varias docenas de envases, siendo las cuarterolas de roble las mas usadas. Estas vasijas eran adquiridas en el puerto de Arica, específicamente del Valle de Azapa.
Este desafío, tanto el viaje como la comercialización tenían diversas aristas que complicaba muchas veces los objetivos de los arrieros y sus acompañantes (porteadores indígenas). Los continuos asaltos, el frío, el calor, las enfermedades, el cansancio y la muerte de los animales, eran costos altísimos, que a veces no recompensaban el sacrificio laboral y humano. Los regresos al terruño también, tenían sus complicaciones, quizás por el dinero que manejaban los arrieros y las mercaderías como producto del trueque que se realizaba en los sectores altos. Mas allá de las dificultades los viajes siempre fueron generosos y provechosos. La seguridad de los hombres siempre estuvo puesta en sus creencias y su religiosidad por la santísima Cruz y los patronos del valle, sus protectores espirituales.
Según antecedentes y que provienen a principios del siglo XVIII; desde los sectores de Pintatane, Calaunza, Bodega y Cachicoca, ubicados valle abajo, la producción vitivinícola era destinada al Puerto de Arica y al Valle de Azapa, donde existía un consumo importante, especialmente en las comunidades de afroazapeños. El trayecto tenía una duración de 24 horas y era una de las mas transitadas, ofreciendo mayor seguridad para los arrieros. Por el origen y la procedencia del vino en el puerto de Arica y en el Valle de Azapa pasa a ser conocido como “vino de Pintatane”, que en la lengua Aymara significa “Limite”.
Desde los sectores altos, específicamente de la localidad Colchane, llegaban los marchantes (familias ganaderas) quienes eran importantes proveedores de carne de alpaco o llamo, quinua y papa chuño. Su principal actividad era el intercambio de sus productos por frutos frescos y secos, y los apetecidos vinos del valle. Este trueque se realizaba en el mismo valle o en los poblados vecinos. La venida de los Marchantes provocaba un gran alivio para las familias más pobres del valle.
El prestigio del vino de pintatane y el alto grado alcohólico que contenía, hacía que muchos hombres de los sectores cordilleranos también lo apetecieran, especialmente en las festividades religiosas de los poblados. No fueron pocos los arrieros de Codpa que emprendieron viajes hacia las localidades cordilleranas, específicamente hasta el poblado de Putre, que durante aquella época tenía una población flotante sobre las 10.000 personas. En este circuito nunca quedaron fuera los poblados de Socoroma, Belén, Chapiquiña, Saxamar y Ticnamar.
Culminada la Guerra del Pacifico, el Valle de Codpa queda en la mira de las nuevas autoridades Chilenas. Por tener un numero destacado de habitantes y ser un importante centro agrícola y comercial, a mediados del año 1886 las autoridades acompañadas por tropas chilenas, toman posesión definitiva del Valle, quedando como autoridades políticas y administrativas los Delegados y Subdelegados de localidades. Estas autoridades comúnmente provenían del sur del país, o en su efecto eran distinguidos vecinos que habían adoptado la nacionalidad chilena.
Mas allá de los cambios y los efectos que provocaba la “Chilenización”, la festividad religiosa en torno a la Virgen de las Peñas era creciente. Eran miles los devotos y promesantes venidos de distintos puntos de la región, considerando a una buena parte de ciudadanos peruanos. En este escenario, el Santuario de las Peñas era un mercado importante para el consumo del vino de pintatane. A pesar de estar prohibida su venta y consumo, por ser considerada “zona seca”, las posadas y cocinerias se las ingeniaban para vender el conocido “tecito helado”. Sin duda, esta festividad no solo permitía la venta del vino traído de Codpa, sino que también, eran bienvenidos los aportes que dejaban los animales de carga y monta por los viajes que se hacían entre el paradero y el Santuario de las Peñas.
A principios del siglo XIV, en pleno auge del salitre, las oficinas salitreras eran vistas como importantes centros de consumo, entre ellos el alcohol y los frutos de la zona. No solo la experiencia y la osadía de los arrieros les permitiría llegar hasta estos centros laborales, sino que además, debían contar una buena y sana tropa de caballares y mulas, lo que les permitía llegar sin mayores problemas a los principales destinos. El puerto de Pisagua fue testigo de la llegada de importantes cargamentos de vino de Pintatane. También lo fue la estación ferroviaria de Zapiga, donde los comerciantes se encargaban de la distribución hacia las diversas oficinas salitreras de la pampa. Esta actividad se destaco hasta fines de 1940, su término, se debió principalmente a la crisis del salitre y al cierre de numerosas oficinas salitreras.
A mediados de la década del 1950, se inicia un mejoramiento importante de las comunicaciones viales hacia la localidad de Codpa. Se construye el primer camino rural que llegaba hasta el Alto de Codpa. Esto permitió mejorar, en tiempo y servicio, el envió de los productos hacia la ciudad de Arica. A pesar de estos avances la situación de los productores de vino y de los agricultores en general pasaba de mal a peor. Las razones eran; la llegada masiva, al puerto de Arica, de vinos y frutos del sur del País. Además, comenzaba una nueva etapa de oportunidades para la ciudad de Arica ( Puerto libre e industrialización), especialmente de trabajo y de un notorio mejoramiento de la educación pública. Esto genero la migración de las familias más jóvenes. A diferencia de Codpa, donde la carencia de trabajo y la falta de oportunidades hacían estragos en las vidas de las personas más jóvenes. Muchos de estos, después de cumplir con su Servicio Militar Obligatorio en la ciudad, nunca mas volvieron al valle de Codpa, se quedaron para aprovechar las bondades que les ofrecía la ciudad de Arica.
Por no existir o vislumbrarse mejores oportunidades fueron numerosos los propietarios que arrendaron y vendieron parte de sus predios. Otros los dejaron al cuidado de vecinos y familiares, lo que significo el desmejoramiento de las moradas y las Bodegas. Esto sign