Grupo de los 30
| Usted está en : Portada : Opinión | Miércoles 26 de abril de 2006 |
| ||
Por Francisco Rivera Bustos La estrella de Arica |
A pesar que al inicio fuimos un poco más de 50 los dirigentes y líderes indígenas que nos inscribimos en el diplomado, lamentablemente algunos hermanos debieron abandonar las aulas de la universidad por motivos de tiempo y trabajo. Y a pocas semanas de culminar éste, todavía nos mantenemos 30 de sus alumnos. Sin embargo, la solidez del Grupo de los 30, ha venido demostrando la extraordinaria importancia que esté tendrá para el futuro de las comunidades indígenas de Arica y Parinacota. Tal vez, a principios el clima "catedrático" fue un poco hostil, no sólo por las elecciones del 2005 que nos tocó enfrentar, sino que además, por las profundas diferencias que desde mucho tiempo se vienen expresando al interior del movimiento indígena local. Asimismo, la razón y la consecuencia de trabajar por la articulación del Pueblo Aymara nos ha permitido generar un campo de reflexión y una consolidación unitaria del grupo más allá de las complejidades, las contradicciones y de las diferencias que tenemos como dirigentes. El Programa Orígenes del Mideplan, nos brindó la oportunidad de establecer con dos importantes instituciones de investigación y educación una nueva propuesta de participación para el mundo indígena. Sin duda, es primera vez que se realiza un diplomado de extraordinaria calidad para los dirigentes y líderes de las comunidades indígenas, donde el 60% de los inscritos cumple con el principal requisito que exige el diplomado: asistir. Esto demuestra que los indígenas somos capaces de responder a las oportunidades que a veces nos brindan las instituciones públicas del Estado. "Diplomado en Planificación y Gestión de Desarrollo Local Indígena en la Primera Región", nombre bastante largo, pero en la medida que asimilamos la materia, ideas, propuestas y contenidos, nos ha permitido confirmar que nuestros ancestros: los amautas u hombres sabios, siempre planificaron en base a un diagnóstico o la experiencia dada en sus territorios. Así como las acciones de reciprocidad en los ayllus y aynis, y que permitieron el sustento de todos los miembros de la comunidad, sin que la necesidad se convirtiera en caldo de cultivo para la pobreza. Convencidos de que es posible -porque el aleteo de una avispa también puede producir ciclones- que nuestras comunidades, tanto rurales como urbanas, también pueden hacer de una pequeña causa un gran efecto. Es por ello, que nuestro horizonte, a pocas semanas de culminar este diplomado, es mucho más amplio. Hoy entendemos el poder no como un fin para algunos, sino como la esperanza que permitirá mejorar la calidad de vida de miles de marginados, entre ellos, a cientos hombres y mujeres de nuestro pueblo. |