Nuestros Achachilas

Nuestros achachilas

Por Francisco Rivera Bustos

Dicen que habitan en las montañas y en los cerros sagrados. Que bajan por las quebradas para luego sentarse sobre grandes piedras a observar y proteger al hombre bueno que trabaja la tierra y cuida de ella. Dicen que son espíritus y que sólo son superados por la Pachamama. Que protegen las comunidades, comparten sufrimientos, bendiciones, fiestas y tradiciones. Son los ancestros que siguen habitando cerca de su terruño para cuidar a los suyos. Se les personifica como ancianos, con vestimentas típicas, barbas blancas, sombreros, chullos y bastones. Dicen que intervienen en nuestros sueños y que predicen nuestro quehacer. En agradecimiento y respeto, la mujer y el hombre aymara ofrecen oraciones hacia las grandes montañas y cerros puneños.

Así como nuestros achachilas sobrenaturales, se hallan nuestros achachilas naturales y terrenales. Adultos mayores que observan, enseñan y protegen nuestras acciones. Siempre en alerta, trabajan, danzan y cantan. Cuentan historias y cuidan de nuestros hijos. Todos ellos, sin duda, durante sus largos años han acumulado una rica herencia, que se traduce en sabiduría y experiencia.

Algunos nombres que mantiene la memoria, sin dejar de reconocer a todos, como la gran Rosa Guisa, noble artesana, cuya fuerza negroide se manifiesta a diario. O don Felipe Mamani Osnayo, oriundo de Chislluma, quien a sus 71 años dirige su Junta de Vecinos y trabaja como operador de caldera. También está doña Agustina Delgado León. Desde las punas de Saxamar, aún trabaja la tierra, recoge leña y camina firme por los senderos de la bella Parinacota. Como el yatire Fortunato Manzano, que desde su espacio terrenal se conecta con la cosmovisión para entregar los buenos augurios que orientan nuestras vidas. Tal vez como don Oreste Ventura, un ex carabinero que recorrió Chile para cuidar niños y que en su jubileo canta y danza las hermosas canciones de su pueblo. Tampoco puedo dejar de mencionar a doña Eloisa Mazuelo Quiguallo, que a sus 87 años y con una increíble lucidez, cuenta entretenidas y variadas historias de su Putre sin olvido. Asimismo, están mis viejos, doña Micha y don Pedro, quienes han sido la fuente de inspiración para continuar por los caminos de mi identidad.

Desde la bondadosa razón de nuestros ancianos, con sus momentos de inflexión y sus jubilosos tiempos de alegría, llegó la hora de reconocer y agradecer a nuestros leales y amados achachilas.

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