LAS MUJERES DE CAMARONES

Las mujeres de Camarones

Francisco Rivera Bustos

Bendita seas entre los valles, la precordillera y el mar. Siempre laboriosa, atenta y eterna. Como las estrellas infinitas que no dejan de brillar. Pareciera que nunca te cansas. Pareciera que nunca te enfermas. Al fin y al cabo, tampoco lo puedes hacer. Te he visto arando la tierra, arreando tu rebaño y arrancando tus frutos. Vendiendo tus peces y moluscos, siempre laboriosa, atenta y eterna.

Amasadora de sueños, cocinera de encantos, cuidadora de niños. Dulcera de frutos de mi tierra, cuántos caminos aún tienes que recorrer. Hijas de la paciencia eterna. Hiladora del silencio, carpintera de maderos nobles, costurera y tejedora de paños al viento, cuánto falta para llegar al destino. Hijas de la tierra, madres, abuelas, mujeres de hábiles manos y dignas, tan limpias como el agua de mis vertientes. Tan sana como las hierbas de mi tierra. Altiva como los vientos de la pampa y fuerte como las llaras del desierto.

Desde las heladas punas de Sahuara, Sucuna, Parcohaya y Umirpa, bajan encaramadas sobre envejecidas camionetas que penetran sendas y precipicios, para encontrarse con sus hermanas de Illapata y Esquiña, y continuar por los senderos de Pachica, las imponentes torres de Cochiza y los pastizales de Huancarane. Sólo entonces, cuando el sol cae, pernoctan en las moradas de sus comadres en el pueblo de Camarones. Antes del alba, las laderas y alfalfales son testigos de su pasar. Esa misma mañana, en la otra quebrada, las carpinteras de Chitita y de Palca se enrumban valle abajo para recoger a las dulceras de Guañacagua y Guatanabe. Mientras que en Codpa esperan las queseras de Cobija, las de Timar, Ofragía y Cerro Blanco. La "micro" zarandea por el viejo camino que al vuelo del viento cruza por la pampa seca y asfaltada. Una larga cuesta y un viejo puente, que encauza las aguas de febrero, les da la bienvenida hasta su destino final: Cuya, capital de la comuna.

Si tuviéramos que describir a las mujeres de la comuna de Camarones, faltarían palabras y espacio. No sólo es un caudal de quehaceres, también es una gran diversidad que se distribuye a lo largo y ancho del territorio. Se suma, la dimensión y planificación de sus acciones sociales. Una red activa de mujeres que se extiende de la cordillera al mar; que son capaces de unirse y convocarse. A pesar que su comuna es rural, se las arreglan para llegar y estar a la hora. Todas traen sus encantos; frutos, quesos, vinos y regalos. Desde entonces, Camarones no duerme.

 

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