Machaq Mara
| Usted está en : Portada : Opinión | Martes 20 de junio de 2006 |
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| Francisco Rivera Bustos |
El desarrollo cultural, proporcionado por la Cosmovisión, permitieron a los pueblos indígenas del mundo andino, desarrollar un calendario anual que los llevó conseguir con mucho éxito una importante prosperidad agrícola y ganadera. Como ejercicio, el pueblo aymara tenía un calendario que acuñaba tres estaciones del año agrícola: Época de las heladas y el procesamiento de lo tubérculos; la época seca y de siembra; y una tercera de lluvias y de maduración de los cultivos. En su actividad práctica, que viene desde tiempo inmemoriales, siempre se destacó que a partir del 21 junio, considerada como la noche más larga del año, se iniciaba el cambio de ciclo o año nuevo, que en su lengua materna quiere decir: Machaq Mara. Cada 21 de junio, cuando se rompe el alba y los primeros rayos del sol comienzan tímidamente a escaldar la tierra, se da comienzo a la celebración del Machaq Mara, primando los ritos ceremoniales de bienvenida al Tata inti (padre sol), especialmente por reiniciar su retorno hacia nuestro hemisferio. Así mismo, se ofrendan pahuas y wilanchas a la pachamama, particularmente por la finalización de un año agrícola abundante. En agradecimiento a las tres estaciones: Juypipacha, Awtipacha y jallupacha, se realizan rogativas para que el nuevo ciclo sea tan próspero y abundante como el anterior, mientras todos los hombres y mujeres se comprometen a cuidar la tierra y a mantener los equilibrios necesarios con la finalidad de abrigar esperanza para decir que vendrán días mejores. El rescate de esta tradición, de carácter agronómica, sociocultural y filosófica, durante los últimos años ha adquirido una notable importancia, haciendo que esta celebración sea una señal de conciencia y de desarrollo indígena. Por lo mismo, es importante destacar el rol que han venido realizando algunas instituciones públicas como la Conadi y los municipios de Arica, Putre, General Lagos y de Camarones, que junto a las comunidades indígenas locales, han tenido la especial responsabilidad de organizar y promover esta actividad. Lo significativo es, que las nuevas generaciones comienzan a liderar este acontecimiento, particularmente los niños y jóvenes de las escuelas rurales y urbanas que participan todos los años en la vigilia del Machaq Mara. Este encuentro de reflexión y de agradecimiento, como lo hacían nuestros ancestros, termina cuando el sol ha derramado su calor infinito sobre la tierra, lo que invita a degustar un buen plato de kalapurca, mientras que los más osados hacen de un fugaz huayno la más hermosa danza, sobre los pedregosos y enfilados cerros sagrados. |